Identidade e Tradizón

EL LATIR DEL CICLO ANUAL: Celebraciones de Muerte y Vida

Escrito por identidade 11-08-2010 en General. Comentarios (0)

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La Naturaleza como Libro Divino

 

“Er ist der Stern, er ist die Sonn´,

Er ist des ewgen Lebens Bronn,

Aus Kraut und Stein und Meer und Licht

Schimmert sein kindlich Angesicht”

 

“Él es la estrella, es el sol,

La fuente eterna de la vida.

Entre la hierba y la piedra,

En el mar y la lumbre,

Resplandece su rostro infantil”

                                               NOVALIS

 

En estos tiempos que corren,  el antropocentrismo y la antropolatría imperan y anidan en  mentes y corazones de mujeres y hombres en este mundo actual, convulso en plena crisis no simplemente  de cambio climático (léase “ecológica”), o de valores (léase “ético-política”) o económica. Para nosotros -los identitarios- nunca nos cansaremos de insistir que ésta  crisis en general es fundamentalmente una crisis  espiritual, puesto que la disociación de Cielo, Hombre y Tierra es más que evidente. Ese antropocentrismo - esa religión laica “liberal y progre” a un  mismo tiempo-  en su máxima categoría imperante es la  llamada antropolatría: el materialismo,  en todas sus versiones (léase histórico, económico, biológico, etc.) como  pseudo-religión, conduce solo a  adorar y a pensar  en  dinero, beneficios,  ultra tecnología y demás sucedáneos o vanidades. Y todo esto, es el  efecto de una causa.

 

                Vivimos de espaldas a la Naturaleza, hemos olvidado esa cosmovisión tradicional de que “en el mundo tradicional, la naturaleza era no “pensada”, y si “vivida” como un gran cuerpo animado y sagrado, “expresión visible de lo invisible”[1]. La Creación es la máxima expresión de sabiduría y el gran libro divino que el Creador nos ofrece. De ahí que en la tradición hermética, sus maestros tienen presente que para realizar la Obra, basta con imitar a la Naturaleza. Nos hemos desconectado de los circulares ritmos naturales y  se van olvidando sus celebraciones y ritos, ceremonias y fiestas, perdiendo parte no solo de nuestra identidad, también implícitamente de nuestro espíritu. La memoria de los antepasados con su legado de Conocimiento y Sabiduría, está oculto a los ojos  de un mundo cada vez mas profano- y de la Naturaleza cada vez más profanada- donde lo sagrado ha sido relegado a las brumas… ¿tal vez de Avalon, del jardín de las Hespérides?

 

Y como todos sabemos, la Naturaleza en sus ciclos estacionales, Primavera,  Verano, Otoño e Invierno, nos recuerdan dos lecciones que siempre debemos tener presente: por un lado, la impermanencia a la que estamos sometidos todos los seres de la Naturaleza y por otro, el triunfo de la Luz. Nacemos con el ciclo ascendente del año, como las semillas que han sido recogidas en la tierra y nuestra infancia es eterna Primavera. Nuestra juventud se expande y es pletórica en la estación del crecimiento del reino vegetal. En el Verano alcanzamos nuestra madurez, después que la flor ha dado paso al fruto. Estamos pues listos para ir marchitando en el  Otoño, ya en pleno ciclo descendente del año, para dejar la vida y morir en el ocaso del Otoño y recogernos en el seno del Invierno. Nos pudriremos en la Tierra y  en su interior, germinaremos de nuevo para renacer de nuevo en la Primavera. Morimos para nacer, así como antes fueron las Tinieblas y después la Luz, primero el Caos y después el Orden. Morimos para nacer, y así como sabemos que el invierno siempre da paso a la primavera, debemos tener presente que  nacer y conocer son lo mismo, puesto que Conocer es co-nacer. Antes fue la Noche y después el Día, como nos recuerda la tradición céltica y la escandinava. Hombre y Mujer vuelven siempre al seno de la madre, a la Tierra, mientras que el padre Sol con su poder fecundará de nuevo con su Luz y calor a la semilla, con la ayuda de los otros dos elementos restantes: aire y agua. Esta analogía llena de simbolismo son leyes divinas y naturales a las que  estamos sometidos, incluidas en las iniciaciones  de diversas tradiciones.

 

                No han sido los últimos en tener presente esta cosmovisión, pero es menester citar a  los escritores románticos del siglo XIX, que percibieron en su memoria de la sangre,  que tras el racionalismo y la ilustración, esa antropolatría se instauraba definitivamente en los corazones de sus congéneres. He aquí unas muestras de Verdad y Belleza de esa perenne sabiduría, ofrecidas por la pluma de Hölderlin: “Ser uno con  todo, ésa es la vida de la divinidad, ése es el cielo del hombre. Ser uno con todo lo viviente, volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza, ésta es la cima de los pensamientos y alegrías,  ésta es la sagrada cumbre de la montaña, el lugar del reposo eterno donde el mediodía pierde su calor sofocante y el trueno su voz, y el hirviente mar se asemeja a los trigales ondulantes.” [2]  O bien de la mano de un Novalis, que al igual que su compatriota nos lega estos versos: “Todas las cosas están en el Uno y el Uno está en todas las cosas,/ ver la imagen de Dios en la hierba, en una piedra, / el espíritu de Dios en el hombre y en los animales, / esta actitud deberíamos tener en el fondo de nuestros corazones”[3]  Y también en ensayo denunciaba el terrible olvido de ese legado: “Ya en la infancia de los pueblos existieron espíritus profundos que descubrieron que el rostro de la Naturaleza era el de una divinidad, mientras que los demás, con el corazón liviano, no se ocupaban de ella más que para depositarla sobre la mesa; el aire les resultaba reconfortante bebida, las estrellas eran la luz para iluminar sus danzas nocturnas, y las plantas y los animales, sólo excelentes alimentos; la Naturaleza se les ofrecía no como un templo grandioso, sino como de un agradable recetario y una regocijante despensa. Otros, de alma más sensata, distinguían las muchas posibilidades que la Naturaleza les ofrecía, pero todavía en estado salvaje, y día y noche se dedicaban a crear modelos para conseguir una Naturaleza más noble”

 

Dentro del seno de la Tradición Cristiana europea, esta cosmovisión se mantuvo por algunas figuras excepcionales, hombres sabios y santos, entre los que cabría citar a San Francisco de Asís, como el máximo exponente de esta visión sagrada en torno a la naturaleza y a la Creación del Supremo Artista. Recordad el conocido poema “Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente el señor hermano sol…”, exposición máxima de un esoterismo cristiano,  que pervive e influye en el seno del catolicismo, llevando a la nueva religión a re-venerar olvidados santuarios a lo largo de toda Europa, bajo advocaciones marianas o de santos en particular. Y también cumple hacer justicia - dejando aparte frivolidades y prejuicios neopaganos-  que la selva o bosque virgen, la montaña sagrada o la fuente milagrosa, igualmente perviven en la memoria de nuestros abuelos, así como en su tiempo estuvo en  la de nuestros mas remotos antepasados, merced  a esa savia del esoterismo cristiano que llenó de monasterios y ermitas nuestros mas inhóspitos y agrestes lugares de España y de Europa.[4]

 

El fundador de la Orden del Cister, cuya influencia como es sabido, se extendió entre la Orden del Temple- San Bernardo- igualmente participaba de esta cosmovisión sagrada en torno a la naturaleza, a la Creación. Fue él quien dijo que “hallarás en los bosques algo más que en los libros. Los árboles y los pedruscos te enseñarán cosas que no podrás aprender de ningún maestro”. Copartícipes de esta  recta visión   de la naturaleza, como “Ecce omnia opera Domini”, también fueron entre otros Fray Luis de León, San Juan de a Cruz, Fray Luís de Granada, y también en nuestros tiempos el  cisterciense Thomas Merton.

 

La Naturaleza de por sí misma es un auténtico santuario,  así lo percibieron,  sintieron y vivieron nuestros  antepasados. “Entre los antiguos germanos, sedentarios primitivos, es decir, que rechazaban la arquitectura propiamente dicha, los santuarios estaban localizados, pero siempre en la naturaleza virgen. El bosque de Broceliande, entre los celtas, y el de Dodona,  entre los griegos, son ejemplos de una perspectiva tradicional análoga, a pesar de la presencia, en estos pueblos, de una arquitectura sagrada y una civilización urbana. Entre los hindúes, el bosque es la morada natural de los sabios; y se encuentra este mismo “aprovechamiento” espiritual del aspecto sagrado de la naturaleza en todas la tradiciones que tienen –siquiera indirectamente- un carácter primordial y por lo tanto mitológico”[5]

 

El mundo por entonces era mágico, Dios o los dioses, la Divinidad en suma, eran algo cercano, sutil, pero intensamente sentido, vivido y experimentado. Una lectura con visión tradicional de las antiguas mitologías indoeuropeas,  nos describirán una naturaleza animada tanto para griegos y romanos, como para celtas, germano-nórdicos y eslavos, puesto que para todos ellos la Naturaleza era  “una poética metáfora, una metáfora tangible de la vida de los dioses (una Metamorfosis divina). Hay en estas cosmovisiones una absoluta y confusa interpenetración entre lo material y lo espiritual. La naturaleza es consustancial a la divinidad (y al espíritu humano). La Vida de la naturaleza es, de hecho, la manifestación visible de la vida de los dioses. Lo que se ve claro leyendo a hombres antiguos (como Hesíodo en su “Teogonía” u Homero en la “Odisea” o  la “Ilíada”) no es que haya espíritus o dioses que simplemente se manifiesten en la Naturaleza, sino que las montañas, ríos, bosques…La naturaleza es toda, en sí misma, espíritu. El latir de la vida, el movimiento de los astros, el paso de las estaciones…todo, es divino. Desde la noche de los tiempos, como vemos, no pudo entenderse otra religión que la de la naturaleza”[6]  

 

En la Antigüedad, nuestros pueblos europeos, no precisaban de edificar templo alguno puesto que para ellos, como venimos insistiendo hasta ahora, toda la naturaleza en sí misma era sagrada. Formaba parte de un todo y sus ciclos estacionales con sus fiestas - regio-sacerdotales, guerreras o  agrarias- eran ritmo de sus vidas, de sus campos, de sus animales, de su caza.  Y como nos recuerda Alain de Benoist,  “…después de los trabajos de Eliade y de Dumézil ya no se puede reducir a las antiguas religiones paganas a un simple culto a la naturaleza. El paganismo jamás fue un puro naturalismo, incluso cuando los antecedentes “naturales” y cósmicos juegan en él un papel central. Tampoco fue nunca un panteísmo, como en Giordano Bruno o Spinoza, aunque también hallamos elementos panteístas en casi todas las culturas religiosas”[7]

 

 

 

 

Solsticios y Equinoccios

 

No nos detendremos mucho en este apartado, existe suficiente literatura al respecto. René Guénon, Julius Evola, Hermann Wirth, Jean Mabire y Pierre Vial, entre otros, han escrito lo fundamental en torno a estas festividades. Solo recordaremos a vuela pluma, que nuestras principales fiestas o celebraciones, en sus analogías paganas y cristianas, siendo éstas regidas como sabemos, por el movimiento de la tierra alrededor del Sol. Dos son los solsticios y dos los equinoccios y así  queda delimitado  nuestro año, el giro completo de la Tierra alrededor del Sol, de la rueda-órbita alrededor de su Centro.

 

Por un lado tenemos los dos solsticios, sabiendo e interpretando desde un punto de vista hermético que”Los solsticios –de “sol stare”, el sol se detiene- marcan los momentos del año en los que el sol parece detenerse en un punto fijo de su órbita, para a continuación reiniciar su marcha en sentido inverso. Estos momentos de inmovilidad abren las puertas que permiten acceder a otros estados de ser; así el solsticio de invierno abre la puerta de salida de la “caverna cósmica”, mientras que el solsticio de verano abre una puerta que es simultáneamente de entrada y salida”[8]  Así pues tenemos dos partes del año, claramente divididas, del Solsticio de Invierno (21 de Diciembre), desde la gélida Navidad con su nacimiento del Sol, (o del Cristo solar según interpretaciones), hasta el Solsticio de Verano(21 de Junio) :  desde un San Juan Evangelista (27 de Diciembre) hasta un San Juan Bautista (24 de Junio). Para nuestros antiguos, estas dos fases del año corresponden como el dios romano bifronte Jano a dos períodos, a dos puertas solsticiales, la de los “grandes misterios” (estados supraindividuales) y la de los “pequeños misterios” (estado humano): según la tradición védica, relatado asimismo en la Bhagavad-Gita ,  el período ascendente del sol  a la “Vía de los Dioses” y el período descendente a la “Vía de los Padres, Antepasados”. Y este período ascendente y descendente también lo podemos aplicar al período mensual de la Luna, pues en su fase creciente está en relación con el deva-yâna – o Vía de los Dioses- y en su fase decreciente con el pitr-yâna – o Vía de los Padres, Antepasados. También recordar que cuatro son las fases de la luna, al igual que las del sol.[9]

 

Citábamos antes la salida de la caverna cósmica con relación a los solsticios. Para su comprensión diremos que la caverna cósmica es la caverna iniciática, considerada por un lado como una imagen del mundo y por otra del corazón del ser humano.  La caverna desde un punto de vista iniciático es el lugar del “segundo nacimiento” o iniciación, el “sepulcro” del cual se re-nace. Es en suma la caverna el mundo profano, el mundo de las tinieblas y de la ignorancia, y para que pueda existir una “salida final” de dicha caverna, es necesario que “el iniciado debe precisamente sobrepasar en esta nueva fase del desarrollo de su ser, del  cual el “segundo nacimiento” no era en realidad el punto de partida”[10]   

 

Sabemos que el latir del ciclo anual, es como una rueda o cruz solar, una cruz  espacio-temporal  que con su eje vertical (al Norte corresponde el Invierno, al Sur el Verano) y su eje horizontal (al este la Primavera, al oeste el Otoño),   ordena el ciclo y el rito de nuestra Tradición, expresión de un arquetipo universal.

 

Por otro lado, están los equinoccios, completando los ejes de  la cruz solar. Los Equinoccios “equilibran” el año, puesto que en ambos  la Tierra se encuentra en el punto intermedio de su órbita con respecto al astro rey. Con los equinoccios, según la tradición hermética,  tenemos a los dos arcángeles,  Gabriel y  Miguel (25 de Marzo, 29 de Septiembre, Fortaleza y Templanza respectivamente), con fechas muy cercanas a los equinoccios, puesto que por un lado el día y la noche tienen una misma duración y por otra está equidistante del Invierno-Norte y del Verano-Sur.    

 

Pervivencias del latir céltico: Difuntos y Mayos

 

En base a estas cuatro grandes fiestas, generalmente celebradas por casi todos los pueblos europeos, tendríamos que añadir a ellas otras cuatro, propiamente de origen céltico y con un significado similar, aunque no idéntico a los solsticios y equinoccios, pero que igualmente forman parte, digámoslo  así, del patrimonio del latir del ciclo anual, igualmente con  celebraciones y ritos de muerte y vida. Markale  nos asevera que “el año céltico, basado en un calendario lunar, con un mes intercalado cada cinco años, está claramente dividido en dos estaciones, invierno y verano, lo que hace que su eje central vaya del 1º de noviembre al 1º de mayo. Repitámoslo: el calendario céltico, y por tanto druídico, no tiene estrictamente ninguna relación con los solsticios”[11]  Aunque a esto habría que añadir, que los monumentos megalíticos como los dólmenes (anteriores por otra parte al mundo céltico) “reutilizados” por los pueblos célticos, tienen una orientación especial, generalmente en relación al solsticio de verano.

 

Las cuatro grandes fiestas célticas según el Calendario de Coligny son el Samain, Imbolc, Beltaine y Lugnasad:

 

Samain era una fiesta comunitaria donde todos los hombres y mujeres que integraban “de derecho” dicha comunidad, debían obligatoriamente asistir, puesto que allí se hablarían asuntos políticos, religiosos, y económicos.  Etimológicamente Samain significa “el final del verano”, es decir el comienzo del invierno y a su vez  el primer día de un nuevo año. A su vez este día según la tradición céltica, era el encuentro de dos mundos, el de los vivos y el de los muertos. Ciertamente como en el noroeste peninsular sabemos, la parroquia de los muertos establece contacto con la parroquia de los vivos. Ambos mundos se interrelacionan e ínter penetran en estas fechas y así lo atestiguan las leyendas célticas, puesto que el acceso al Otro Mundo, grandes batallas y muertes rituales del héroe que ha transgredido ciertas prohibiciones, acontecen en este señalado día. Igualmente conocemos  que este día en nuestro calendario cristiano corresponde al día de todos los Santos, ya en pleno otoño y ciclo descendente del año. También asociado al día de Todos los Santos estaría el día de los Muertos, aunque en realidad según Markale, para el pensamiento céltico “no hay en Samaín ni muertos ni vivos, como tampoco hay dioses ni hombres. Hay todo.”[12]    En la antigua Irlanda, los fuegos debían estar apagados y el fuego renacerá en el momento que los druidas enciendan uno nuevo. Según Markale, este simbolismo habría sido transferido por los cristianos a Pascua.    

 

Después de transcurridos tres meses después del Samain,  vendría la festividad del  Imbolc, bajo la advocación de la diosa Brigit, cristianizada bajo el nombre de Santa Brígida. El 1º de febrero es el día cristianizado de la Candelaria, fiesta purificadora a mitad del invierno. Esta celebración sería más íntima y local, mientras que una celebración que si ha llegado con mayor vigor  hasta nuestros días, transcurridos  otros tres meses después del Imbolc, sería el 1º de Mayo, Beltaine.

 

Beltaine, etimológicamente significa “Fuego de Bel”, es el final del invierno y el comienzo del verano. “De ahí los ritos del fuego, particularmente abundantes y la sacralización de la vegetación naciente…la fiesta de Beltaine es una apertura a la vida y la luz, una introducción en el universo diurno, en lo que todavía se llama en Bretaña los -meses negros-”[13]   Esta fiesta sería propiamente sacerdotal y sería costumbre plantar ramas en los campos, huertos y sobre los establos como símbolo de prosperidad y abundancia, siendo en los países germánicos la noche de Walpurgis. Las celebraciones en torno al mes de mayo persisten a lo largo de toda Europa, si bien ha pasado a ser considerada por antropólogos y etnógrafos como una fiesta eminentemente agraria, conocida como los Mayos. “Os Maios”, que así denominan en Galiza, son fiestas de carácter eminentemente agrícola, celebrados no solo en el noroeste peninsular, sino a lo largo de toda la península ibérica bajo múltiples formas, que en esencia simbolizan lo mismo como las Cruces de Mayo en Andalucía, especialmente en Córdoba. Esplendor de la primavera, esperanza y “propiciando”   buena cosecha, al mismo tiempo que alejando todo ser (visible o invisible) que pueda dañar la fecundidad de los campos. Estos “Maios”, antiguos cultos o rituales agrarios (hoy en día fiestas folklorizadas), fueron objeto de denuncia y persecución  por la Iglesia, puesto que en Concilios como el de Braga en el 570 o el de Lugo en el siglo VIII, se condenaron estas “prácticas” de culto fitolátrico. Como sabemos, el mes de Mayo pasó a ser el mes de las flores, el mes de María. Las condenas se extendieron también en la edad media, donde por ejemplo en Portugal, en 1385, la cámara de Lisboa acordaba que “Nâo se cantem Mayas nem Janeiras”. El cabildo compostelano igualmente prohibía entrar en la catedral  a las “maias” y “demiños”, bajo pretexto de lo indecente de sus danzas y canciones.

 

Hay siempre dos elementos principales en torno a esta celebración europea de los Mayos. Encontramos por un lado el Árbol de Mayo y por otro  los Reyes del Mayo. Naturaleza y Hombre/Mujer, son símbolos en este ancestral recuerdo del triunfo de la primavera, ya que como nos recuerda el maestro V. Risco, esta estación del año siempre “significa el reverdecer de las plantas, el comienzo del año agrícola, la alegría de ver levantarse el sol por encima del horizonte y coger fuerza; y tiene diferentes formas: árbol de Mayo, hombre cubierto de ramas, armadilla de verduras y flores, reina de mayo, pareja de mayo, cruz de mayo, engalanar las casas con ramas, esparcirlos por los campos, presagios de hartura y dinero…”[14]   

 

Algunos etnógrafos nos recuerdan que la referencia escrita más antigua  sobre esta festividad, la encontramos en el romano Tácito: “Igual que la feliz unión de dos seres produce numerosos hijos, la plenitud de los dones de la naturaleza es provocada por la unión de los dos sexos. Se tiene, pues, una idea profunda y clara, de los fenómenos naturales del mundo, y se ve hasta que punto el hombre está inscrito en la naturaleza, hasta que punto estas representaciones son antiguas y arraigadas. Ya en el siglo XII se habla de la visita de una reina de Pentecostés ricamente adornada. El relato de Tácito del viaje de la diosa Nerthus de la fertilidad y de la Tierra procede, sin duda alguna del mismo espíritu.”[15]

 

En las diversas comunidades de etnia y lengua alemana, los “mayos” son igualmente celebrados análogamente que en otras zonas de Europa, así pues observamos que “En el folklore, este triunfo de la primavera tiene como símbolo la guirnalda primaveral (Ernte-kranz, en alemán, literalmente “corona de la cosecha”) que se entrega a la joven pareja del “Rey de mayo” y a la “Reina de mayo” para ser colocada la corona triunfal en lo alto del mástil de los festejos, el “Palo o Polo de Mayo”, símbolo del Árbol de la Vida y del Eje que une Cielo y Tierra. Se trata de una corona vegetal que, con su verdor, su belleza y lozanía, su brillo y su aura alegre, proclama la Victoria del Sol y de la vida renacida…Esa guirnalda primaveral es como el gran anillo floral que sella el enlace nupcial entre el Príncipe (el hombre o la humanidad) y la Princesa (la Naturaleza). No queda sino añadir que dicha corona verde y florida viene a corresponderse con la Rad-kreuz (rueda solar, cruz céltica)…En ambos se expresa la misma idea de totalidad y armonía, de vida centrada en torno a la luz.” [16]      

 

                La costumbre cristanizada de la bendición de los campos y establos, de los animales que sustentan al hombre  en sus duros trabajos agrícolas, e inclusive de bendición de aguas (recordemos la festividad de la Virgen del Carmen) como hemos podido observar a lo largo de este artículo, tienen sus lejanos ecos en las antiguas  tradiciones paganas europeas.

 

                A modo de conclusión, vemos que hemos comprobado que existe una estrecha interrelación entre el latir del ciclo anual y la vida  externa del ser humano, entre la vida cósmica y nuestra alma profunda, en constante reconquista del estado primordial del Ser, del encuentro y recuerdo constante de Dios a través de su mejor libro escrito que es el de la Naturaleza con su ciclo anual y su latir,  de la existencia primaveral y paradisíaca de la Edad de Oro, del Satya-Yuga o edad de la Verdad, del  Jardín del Edén, de la mítica y primordial tierra de los ancestros, Hiperbórea.    

 

 

Federico Traspedra

 

 



[1] “A Tradiçâo Hermêtica” Julius Evola. Ediçôes 70. Pág. 33 

[2] “Hiperión o el eremita en Grecia” Friedrich Hölderlin. Libros  Hiperión, 1996. Pág.25

[3] “Poesías Completas. Los Discípulos en Sais” Novalis. DVD ediciones, 2004, págs. 131 y 253-254

[4]  También no olvidamos a los perseguidores de los cultos paganos, como el caso del galaico-bracarense San Martín de Dumio, que escribió “De Correctione Rusticorum” para atacar las creencias druídicas (panteístas y naturalistas para él)  de los antiguos galaicos. Un dato curioso sobre este obispo de Braga, es que por su culpa, en Portugal cuentan los días de la semana como “feiras”, en vez de las antiguas advocaciones a los dioses que se conservan en el resto de lenguas europeas.

[5] “Perspectivas espirituales y hechos humanos” Frithjof Schuon. Ed. José J. de Olañeta, 2001. Pág. 63.

[6] “Paraísos perdidos” Carlos de Prada. RB editores, 2005. Pág.31

[7] “¿Cómo se puede ser pagano?”. Alain de Benoist. Ediciones Nueva República. 2004. Pág.14

[8] “La Logia Viva. Simbolismo y Masonería”. Siete Maestros Masones. Ediciones Obelisco. 2006.Pág.255

[9] Recordar que también  durante la Semana Santa, el Jueves Santo se celebra en plenilunio.

[10] “Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada” René Guénon. Cáp. XXXIII. Ed. Eudeba, 1988, Pág. 195

[11] “Druidas” Jean Markale. Ed. Taurus, 1989. Pág. 182 

[12]  Op. Cit. Jean Markale, pág. 184

[13]  Op. Cit. Jean Markale, pág. 185 

[14] “Festas do Ano” en “Obras Completas Vol. 3” Vicente Risco. Ed. Galaxia 1994. Pág. 605.

[15]  Artículo “Prometida de Mayo-Reina de Mayo” de Friedrich Mössinger, perteneciente al libro “La Orden” de Edwige Thibaut,  Pág. 291

[16] “La Lucha con el Dragón” Antonio Medrano. Ed. Yatay.1999. Pág. 430.

La Orden del Santo Graal: Restauración Tradicional e Identidad en la obra de Vicente

Escrito por identidade 05-08-2010 en General. Comentarios (0)

1.- Introducción

“Ningún pueblo  puede crear nada valioso si no es siguiendo su propia tradición” V.Risco

 

Vicente  Martínez- Risco y Agüero (z30.09.1884/ y30.04.1963), es otro de los centenares de autores de esa denominada “Europa herética”. Combatió al “Occidente racionalista y relativista”, buscó en las sabidurías tradicionales de Oriente, para redescubrir el legado de los Ancestros de su Tierra Galaica.   Soñó  una Galiza genuina, basada tanto en sus raíces espirituales como étnicas, frente a ese falso progresismo izquierdista o al esclavizante liberalismo económico. Veía proféticamente al mismo tiempo y al igual que Oswald Spengler, una Europa  que cada día se sumía más en sus propias miserias.

 

Vicente Risco  pertenece a esa Europa que resiste y persiste,  que bebe de la fuente de la que manan las ideas- valores de la Tradición. Risco forma parte de esa Europa que se alimenta de sus auténticos orígenes, de sus raíces y por consiguiente vive a la Luz de la Tradición, frente a la Ignorancia y las Tinieblas, en permanente alerta y atención  contra el pensamiento moderno, propio de este final de Ciclo.  

 

Sin ningún género de dudas, este autor, es para la cultura gallega y por consiguiente, española y europea,  un genio de la talla de un Ortega-Gasset (del cual fue alumno) o un  Unamuno. Un autor un  tanto olvidado a conciencia y hasta incluso denostado por determinados sectores ideológicos, tanto a la diestra como a la siniestra. Y en estos tiempos tan precarios espiritual, intelectual y humanamente hablando, una mente tan lúcida como la suya,  que ha trabajado campos como la historia, etnografía, poesía, teatro, pintura,  narrativa, política y filosofía, debería ser objeto de atención permanente por la claridad y actualidad de sus reflexiones. Para nosotros, los identitarios gallegos, Risco es un faro en medio de las densas brumas marítimas del arco atlántico de los Finisterres. Una Luz propia de nuestra tierra, que supo ver  la esencia del hombre del pueblo y sus conexiones con lo divino. 

 

Dentro de la cultura gallega no ha existido hombre tan prolífico y de una laboriosidad intelectual tan vasta, propia de un gigante. Y nos atrevemos a decir que no solamente dentro de la cultura gallega. Sin caer en  ninguna exageración -en el seno de nuestra cultura europea- serían pocos los autores  con obra tan intensa como amplia.[1]  

 

Sirva pues, este artículo como introducción general a sus obras. Veremos rasgos a vuela pluma, de su faceta más política en el seno del “Galeguismo”. Sobre su condición de principal teórico del nacionalismo gallego y como uno de los principales líderes políticos, así como sobre la influencia que tuvo  dentro de dicho movimiento nacionalista y así como en su faceta literaria, existen  varios estudios dedicados a esos temas en concreto[2] para aquellas personas que quieran profundizar en su obra. Intentaremos transmitir al lector de Tierra y Pueblo, la Esencia y las Formas, tanto de carácter tradicional al mismo tiempo que  identitario de este autor, para nosotros  siempre respetado y altamente valorado…es más, incluso venerado.         

                          

 

2.-Influencia del  esoterismo en la obra de Vicente Risco

 

Nació un 30 de septiembre de 1884 en Ourense, siendo amigo desde la infancia de otros dos grandes ilustres gallegos, Ramón Otero Pedrayo y Florentino L.Cuevillas. En 1906 se licenció en Derecho por la facultad de Santiago. A los 21-22 años ingresa como funcionario de Hacienda en la delegación orensana. Este trabajo nunca satisfizo la inquietud del joven Risco, despreciaba las barrigas acomodadas de los funcionarios. Por esos años comienza a dar rienda suelta a sus inquietudes intelectuales. Conoce a Primitivo Rodríguez Sanjurjo, joven con quien departirá “lecturas extrañas”. Otero Pedrayo, Florentino López Cuevillas y él comentaban lecturas recientes y descubrían a Nietzsche. El germen de la “Xeración Nós” estaba ya creado por estos pocos hombres. Trataremos más adelante a este grupo.

 

La atracción del joven Risco por formas de pensamiento diferentes de las que en la sociedad imperaban, hizo que se interesase por el esoterismo. Se acercó al estudio del budismo, del ocultismo y de filosofías orientales en general, además de las obras de Paracelso o Swedenborg. También tuvo lecturas “a la moda”, como las del pseudo esoterismo de H.P.Blavatsky. Al entrar en contacto con la Teosofía, descubre a Mario Roso de Luna, al parecer afiliándose a su iglesia teosófica[3]. Comienza a frecuentar cenáculos orensanos, donde se reunían para meditar y fumar la pipa de kif. Son tiempos propios de una juventud inquieta e inconformista, de rebeldía, de lucha contra la vulgaridad imperante, según relataría él mismo veinte años después.

 

Este interés por el esoterismo, nunca cesará, siendo una constante en múltiples de sus escritos. Dentro de la vastedad de su obra, podemos rastrear sin  mucha dificultad, temas propios de los aspectos interiores del mundo de la  Tradición. 

 

En 1910 comienza a colaborar como redactor en el diario “El Miño”. Estos primeros escritos de juventud son de una feroz actitud crítica frente a la sociedad burguesa, atacando al arquetipo humano del filisteo- que será una constante a lo largo de sus obras-  firmando sus colaboraciones bajo los seudónimos de “Rujú Sahib” y “Polichinela”. Se siente atraído por la estética del futurismo, pero difiere de Marinetti en sus excesivas loas al materialismo. Un par de ejemplos ya bien elaborados de su interés por el movimiento Futurista son  su estudio “Pequenos ensaios. Do Futurismo e máis do Karma”, (Nós, 34, Ourense 1926)  y otro posterior será  “Triunfo y Error de Marinetti”.

 

Oriente ejerció una enorme fascinación en el joven Risco, tanto que incluso aprendió a leer el alfabeto devaganari, tanto que Rabindranath Tagore fue objeto de su profundo estudio con conferencia incluida en el Ateneo madrileño allá por el año 1913. Reconocía en la India una espiritualidad aun palpable y latente, una sociedad tradicional viva. Y en estos años, como colaborador de “EL MIÑO”, publica fragmentos para dar a conocer el Mahabharata así como del sufí Hafiz.

 

En su ensayo- que es bandera de una generación de intelectuales gallegos-, “Nós, os inadaptados” expresa las inquietudes personales y comunes de la Xeración NÓS,  creyendo firmemente en “una verdadera moral de casta, pero no de casta social, sino de casta espiritual…lo esencial era siempre para nosotros, la superioridad del espíritu”. También podemos leer lo siguiente: “Y anduvimos peregrinando por las cosmogonías y por las culturas, en demanda de lo insólito. Interrogamos los misterios de los egipcios en Jamblico, en Plutarco, en los hieroglifos, en libros modernos, como el del egiptólogo alemán Adolfo Erman, sobre la magia egipcia. Le dábamos vueltas al Buddhismo, nos ahogábamos en la teosofía, buscábamos revelaciones en el Popol Vuh de Guatemala, en el Libro de la Generación de Adán de los Nabateos, en el Kalevala de Finlandia, en Eliphas Levi y en De Mirville. Yo mismo estudié las religiones de la India, los seis Darsanas ortodoxos, los asistemas disidentes de Siddharta y de Mahavira, las filosofías malditas de los Lokayta, de los Saktistas y de los Thougs; llegué a aprender las declinaciones y conjugaciones sánscritas y a leer de corrido el alfabeto devanagari”[4] Volveremos a hablar sobre este ensayo un poco más adelante.

Así pues, su interés por la Sabiduría Perenne, la deja bien clara en este texto así como lo demuestra en otros muchos. Tanto a Oriente como a Occidente llevó su mirada sobre los mundos antiguos, encontrando en ambas direcciones los múltiples rostros de un único Dios, del Espíritu.

 

“Pues lo cierto es que todos seguimos viendo el Oriente donde nace el Sol, como el lugar de la humanidad y sus culturas como los gérmenes de todas las culturas. Además, desde otro punto de vista, ese más allá el exotismo, de la lejanía extraña e ignorada, compensa imaginativamente la excesiva presión del más acá, con lo que, circulando de uno a otro, se resume todo un universo. Tal es como  Risco ha podido conciliar su cristianismo sincero y militante –resueltamente católico y de un catolicismo exigente, preconciliar – con su poderosa atracción por ciertas religiones orientales como el budismo, el hinduismo y el taoísmo. En más de una ocasión, le oí decir, por cierto, que si no fuera católico, se haría budista”   .”[5] Son palabras de su hijo, confidencia íntima del espíritu tradicional que siempre empapó a Vicente Risco, con sus inquietudes budistas, su interés por el Tao y los sistemas filosófico-doctrinales de la India, etc.  Y siempre sin renunciar a su peculiar catolicismo, pre-conciliar recordemos, con  un cristianismo próximo a Lanza del Vasto, al parecer admiraba según relata una biografía  sobre nuestro autor. Pero, ¿qué opinaría Risco de la iglesia post-conciliar a día de hoy?                       

  

3.-De la luz del Oriente a las tinieblas de Occidente. La Neosofía.

 

Cuando cumple 30 años, decide encaminar su vida a la enseñanza. Como habíamos dicho antes, siendo licenciado en Derecho y funcionario de Hacienda sin vocación, determina ingresar en la Escuela Superior de Magisterio en Madrid, donde recibirá clases de Ortega-Gasset. Sin duda alguna, su verdadero svadharma fue la vocación de compartir y repartir sabiduría y conocimientos.  Frecuenta tertulias madrileñas, con Ramón Gómez de la Serna entre otros. Pero durante su estancia en Madrid descubrirá una pasión hasta entonces desconocida: la Etnografía, que le hará ver más allá, en el interior de su propio pueblo.

 

Continúa en esta época viendo en Oriente una civilización superior, con valores espirituales firmemente asentados en la Tradición,  frente a un Occidente víctima del liberalismo adorador del dinero y  del falso progresismo marxista que conduce al internacionalismo, al cosmopolitismo y como última consecuencia a la desintegración de los pueblos, de sus tradiciones. Es decir, de sus genuinas identidades.

 

A su regreso de Madrid, junto a otros espíritus inquietos, como su amigo el abogado Arturo Noguerol Buján, Primitivo R.Sanjurjo y sus íntimos R. Otero Pedrayo y F. López-Cuevillas,  crean la revista literaria de carácter neosófico “LA CENTURIA” (1917).  Con ese espíritu de “nueva sabiduría-neosofía”, intentan difundir ideas y estéticas propias de la Europa de entreguerras. Tagore, Chesterton, Rimbaud y el Sar Peladán (fundador de una orden católica rosacruciana, al parecer con algún tinte teósofo) serán estudiados, comentados, traducidos junto al Buddha Sakyamuni, Omar Khayyan, la literatura de las sagas escandinavas, Schopenhauer, Nietzsche… También aparecerá algún artículo de Mario Roso de Luna,  de su primo Sebastián Risco, del poeta Noriega Varela. Críticas a la revolución bolchevique, divagaciones sobre “Las Mil y una noches”, lenguajes perdidos y alfabetos sagrados, horóscopos de Alfonso XIII, del Káiser Guillermo II y de Luís Amadeo de Saboya, conforman junto a otros no menos interesantes artículos los 7 números de esta curiosa revista en el panorama intelectual gallego de aquel tiempo.

 

Es sumamente interesante el ensayo publicado en “LA CENTURIA”, “Preludio a toda estética futura” donde podemos leer extractos como el siguiente: “El estado universal de miseria –dijo el Buddha- es la primera verdad”: Y la ignorancia de esta verdad es la causa de la miseria. Porque los hombres que ignoran esta verdad, creen que la dicha existe, la desean y la persiguen, y así van de error en error  y de caída en caída, ligándose a las cosas objeto del deseo, que entrañan las tres condiciones de instabilidad, padecimiento y ficción ¿No veis por todas partes el dolor? Dolor es el nacimiento, la vejez, la enfermedad, la muerte. Dolor es la unión a lo que no se ama. Dolor es la separación de lo que se desea”[6]    He aquí una interpretación de Risco sobre la primera Verdad Noble del budismo- Dukkha. La Verdad del Sufrimiento. A las que le siguen la Causa del Sufrimiento, la Cesación del Sufrimiento y el camino de la cesación del Sufrimiento con el Óctuple Sendero.  Es quizás fruto  de ese temprano pesimismo, ¿de la influencia de lecturas de Schopenhauer y de Nietzsche?...Posiblemente, pero su interés por las doctrinas metafísicas de la India, como hemos leído anteriormente, ya le venían de su juventud.

 

“Las Tinieblas de Occidente” es un libro  que Risco escribe sobre el año 1919 y que quedó olvidado en la buhardilla de su casa. Nunca fue publicado en vida, dado que dos ó tres años antes, Oswald Spengler publicaba “La Decadencia de Occidente”. Y Risco suponiendo que no sería aceptado por editor alguno, dejó el manuscrito entre montones de papeles, si bien se duda que de aquella circulase traducción alguna de Spengler.  

 

Las analogías entre las obras de los dos pensadores- sajón y galaico- son varias. Y asimismo la influencia de Spengler en Risco es evidente, siendo para él un referente intelectual de magnitud. Por ejemplo, en obras suyas como “Orden y caos” y “Mitología cristiana”,  es un autor bastante citado y con varias alusiones a sus textos.  “Oswald Spengler y la actualidad”, (Misión, 31, Ourense, 1937)  es un extenso artículo donde Risco muestra su enorme interés por el filósofo y matemático alemán, publicado a lo largo de 6 números en la revista Misión. Risco creía al igual que Spengler en la clasificación de los hombres en tres tipos: los  hylicos, hombres vulgares; los psíquicos,  hombres con talento; los pneumáticos, hombres de espíritu.  Y al parecer esta idea procede del priscilianismo, según nos relata en su ensayo “Nós, os inadaptados”.  Igualmente esta clasificación, tendría analogía con  las tres Gunas de la cosmología hindú: Tamas, Rajas, Sattva.  Y el orden cósmico se mantiene gracias a la interacción de tres tendencias de distinto signo que reciben el nombre de Gunas.

 

Comienza Risco la exposición de este libro, con un examen de conciencia,  hablándonos del Kali-Yuga, basado como sabemos, en los ciclos de la cosmología hindú. Con la doctrina tradicional de las cuatro edades, al igual que Julius Evola, realiza un diagnóstico de la Edad de Hierro, del Lobo Fenrir como convencido europeísta, según sus propias palabras: “Nuestras sociedades están dominadas por oligarquías de mercaderes…Pero la más terrible experiencia del Kali-Yuga occidental es la que se obtiene examinando la psicología del europeo moderno, del homo urbanus típico. Se ve como las personalidades se pierden en el funcionarismo social, como se secan los corazones y se estrechan los cerebros, como se pierde la sensibilidad para las grandes ideas y las grandes pasiones. El filisteísmo, la cobardía, la falta de sinceridad y de voluntad, la mala conciencia, se han adueñado de todas las almas, y los pocos espíritus vigorosos fracasan ante la hostilidad del medio”. [7]

 

Continúa con Caín y Abel, en analogía con la exposición de René Guénon sobre la distinción entre nómadas y sedentarios, para después analizar la Tradición clásica (Grecia clásica, helenismo, Pitágoras y la idea de Orden, Platón, Roma) hasta llegar a la Civilización Cristiana. Aquí  justificará la buena nueva de Cristo, frente a la degeneración de los cultos paganos, si bien agrega que “El paganismo conservaba sobre la doctrina cristiana algunas ventajas positivas: una autoridad tradicional perfectamente apoyada; un sistema regular de iniciación que aseguraba la salvación sin renunciamiento…El cristianismo llevaba en sí elementos de inferioridad: buscaba la masa, era exclusivista y excluyente, era pesimista; pero también llevaba el germen de una transmutación completa”[8]

 

Siguiendo cronológicamente a la Antigüedad, llega la Edad Media, viendo en los pueblos del Norte una regeneración a través de la barbarie con dos elementos muy diferentes: germanos y celtas. En el elemento germánico ve la vitalidad, la barbarie y el esfuerzo, la adscripción del hombre a la tierra y el feudalismo. En el elemento céltico verá una contribución mucho más profunda: el espíritu caballeresco, la ascesis en la que se unen santidad y heroísmo por el triunfo de la luz, condensado todo ello en la iniciática búsqueda del Graal. Prosigue el libro con la lucha de Europa contra el Islam, para llegar al Renacimiento y al Humanismo. Atacará al protestantismo (Pietismo) y a la estupidez jesuítica, para continuar con la Ilustración y la revolución francesa. Analiza el falso mito del progreso de la mano de Nietzsche, así como el nuevo tipo humano de carácter servil, plebeyo, “tchandâla”, que lleva a la superproducción, al colonialismo, al maquinismo. “Vivimos para la industria, en vez de ser la industria una auxiliar de la vida. Sólo se diferencia de una letrina en que a ésta se arroja lo inútil, y al sumidero de la industria arrojamos lo que debiéramos emplear en empresas más nobles”[9]

 

Este ensayo, escrito como decíamos antes en la segunda década del pasado siglo XX, a la edad de 33 años, es de una visión profética apabullante que no merece caer en el olvido. Las tinieblas, las espesas brumas, las oscuridades son   cada vez tan densas, que la progresión aritmética del Kali-Yuga es vertiginosamente  superior a lo que cualquiera de nosotros pueda calcular ni imaginar.                             

               

     

4.-“NÓS, os inadaptados”: una elite para una tierra. El compromiso político

 

 En este breve pero intenso ensayo, del cual ya hemos hablado anteriormente, Risco describe las inquietudes de una generación. Nós, (nosotros) son al inicio un grupo de amigos que con labor de titanes, emprenden una de las mayores empresas de carácter cultural. De simple grupo de viejos amigos, pasan a  convertirse en un auténtico motor de investigación y difusión de la cultura gallega. Así pues campos como la historia son ampliados a partir de los estudios realizados principalmente por M. Murguía, B. Vicetto. La etnografía es objeto de minucioso estudio como parte de la sabiduría y arte popular; la incipiente arqueología con el redescubrimiento de la cultura céltica castrexa; traducciones del “Ulysses” de J.Joyce; profundización en  la filosofía galaico-portuguesa y su exponente como el “Saudosismo” son objeto de análisis en conjunto con intelectuales del norte de Portugal. Entendemos por Saudade un sentimiento  especial: la vivencia espontánea de la pura intimidad del ser humano, vivencia profunda, oscura y pasiva porque se produce con independencia y con anterioridad  a la actividad del intelecto y de la voluntad. Es una vivencia  característica y típica del mundo galaico-portugués.[10]   

 

Así pues en este ensayo “Nós, os inadaptados” se explican las causas y los motivos de su desapego hacia el mundo de los filisteos, de las barrigas acomodadas que ellos tanto denostaban. También nos cita  los gustos y preferencias literarias: Carlyle, Edgar A. Poe, Baudelaire, D´Annunzio, Ibsen, Nietzsche, Novalis, Ruysbroeck, Omar Khayyan, R. Tagore, A. Ganivet, J. Maragall, Rubén Darío, A.Lopes Vieira, Eça de Queiroz, Teixeira de Pascoaes,  etc. Y del paso de la actitud contemplativa a la actividad político-cultural nos da cuenta narrándonos el  viaje interior que esta generación realiza en busca de sus orígenes e identidad en tiempos de decadencia.

 

Risco realizó un viaje a Monforte de Lemos a finales de 1917, por cumplimentar al  catalanista Francesc Cambó, líder de la Lliga Regionalista, que iba de camino hacia A Coruña a realizar actos propagandísticos a favor del regionalismo. Se desplaza en conjunto con Lousada Diégues,  Otero Pedrayo, y  Arturo Noguerol.  Y será de la mano de Antón Lousada Diégues - miembro de las “Irmandades da Fala” desde su creación- que entre a formar parte del movimiento cultural del Galleguismo y político del nacionalismo gallego en el Partido Galeguista.

 

De la revista Nós, creada por el núcleo de la Xeración Nós- que sería objeto de análisis en otro artículo-diremos brevemente, que fue el gran motor de recuperación identitario en todos los sentidos, una auténtica elite intelectual necesaria para el resurgir de Galiza, con orgullo al estilo “völkish” como gustaba a Risco: tanto en el ámbito de la espiritualidad como de la lengua, en la etnografía o en la historia, en el arte y la  filosofía, así como en literatura, etc.  Junto con la revista de contenido más político, A Nosa Terra (procedente de las Irmandades da Fala)  articularon los medios para el mantenimiento de la lucha cultural y política, incluyendo en este tandem  la creación del Seminario de Estudos Galegos. Y será durante estos años que a través de estas publicaciones leamos textos de enorme valor político de Risco. Serán años desde 1917 hasta la guerra civil de 1936 que podremos leer los más importantes “Teoría do nazonalismo galego” (1920), “El problema político de Galiza” (1930), “Nazonalismo Galego” (1934), “Ideas que defende e fins do Partido Galeguista” (1935).

 

Son años en que escribe su famosa novela “O Porco de Pé” (1928) El cerdo de pie, donde el protagonista es el tipo humano por él denostado, el típico ser inculto que medra a costa de la política, como un cerdo filisteo que logra ser alcalde. Es ésta novela un clásico de la literatura gallega, admirada por su incisiva crítica social  y con unas grandes dosis de humor típico gallego, lleno de gran ironía y retranca. Igualmente en este libro de humor, deja lugar para emitir sus opiniones sobre  una acertadísima  crítica sobre “la religión del dinero”: “El culto es diario y constante: se celebra en todas las casas  y en todos los instantes. Pero sus templos son las Bolsas, y las fiestas son las exposiciones, las Ferias y los Mercados. En este culto todos son devotos…hay místicos, que son los avariciosos, hay fanáticos que son los ladrones, hay herejes que son los socialistas. Porque esta religión tuvo también su Lutero, que fue Carlos Marx. El socialismo es la Reforma de la religión del Dinero”.[11] También deja nuestro autor lugar para mostrarnos como protagonista de esta novela a otro tipo humano por él admirado: el hombre de espíritu, -pneumático-, que es el Dr. Alveiros, interesado tanto en Luís de Camões como en el Kybalión y en Egipto, así como en la Doctrina del Despertar del Buddha y en clásicos budistas como el Jataka (cuentos budistas sobre las encarnaciones del Tathagatta), Y tampoco se olvidará Risco de hablarnos por medio de este enigmático Dr. Alveiros de las cuatro Nobles verdades: “el estado universal de miseria es la primera verdad, el camino de salvación es la segunda verdad, la tentación y seducción que se encuentran en él es la tercera verdad, y la forma de vencerlas es la cuarta”[12].      

 

Este co-protagonista de la anterior novela citada, será protagonista principal  en una novela menor y  también influenciada con fuertes tintes esotéricos. Nos habla de la doctrina del , así como del Libro de los Muertos egipcio en su novela “Do caso que lle aconteceu ao Dr. Alveiros” (Del caso que le sucedió al Dr. Alveiros).  Y en otra novela corta “A trabe d´ouro e a trabe de alcatrán”, (1925) recreará la vieja leyenda gallega análoga a la irlandesa de los calderos de oro, veremos por sus páginas a druidas antiguos y  tesoros escondidos por los mouros, en el interior de las montañas, que habitan bajo dólmenes o debajo de los castros de los antiguos celtas galaicos.

 Cuando Risco tiene 46 años, realiza un viaje desde Galiza a Alemania, con destino a la Universidad de Berlín para ampliar durante 4 meses sus conocimientos en etnografía. De esa experiencia, que le marcará profundamente, escribe   “Mitteleuropa” (1930). En este ameno libro de viaje y ensayo al mismo tiempo,  vemos como sus posiciones ideológicas se radicalizan. Como curiosidad diremos que en su epistolario privado con su amigo Fco. Fernández del Riego, se quejaba de ser censurado por el editor de la revista NÓS  (siendo él el director) por sus comentarios antimarxistas así como antisemitas y proclives al nacionalsocialismo. “Mitteleuropa” comienza con profundas reflexiones sobre su amada tierra galaica y las afinidades con Portugal, su admiración por el pueblo vasco, hasta llegar a la frontera alemana y de ahí  hasta el Berlín de 1930. Nos describirá e ilustrará con sus dibujos sobre los museos berlineses, así como de la vida en la capital del nuevo Reich.  En el capítulo dedicado a las ideas de Berlín, nos hablará de sus denostadas ideas sobre el  cosmopolitismo, internacionalismo, marxismo,  la “sexualfrage” y  Sigmund Freud, mientras que verá con buenos ojos como decíamos antes, el ascenso de la weltanschauung nacionalsocialista, comprendiendo el antisemitismo de entonces así como el fuerte nacionalismo alemán imperante. Continuará hablándonos sobre la “Procura de Deus” (La búsqueda de Dios), donde nos narra su visita a la Buddhistiches Haus, (Casa Budista) y donde se sentirá muy a gusto. Nos hablará de nuevo sobre Rudolf Steiner, del cual nos dirá que “la doctrina antroposófica es un edificio de fantasía que contiene piezas de realidad”[13]. Risco siente interés y atracción por las Eddas y el futhark, bases de la  Ariosofía, de la cual nos dice que es una especie de teosofía nacionalista.       

 

En el ámbito etnográfico su producción es vastísima, siendo de destacar el volumen realizado en conjunto por intelectuales gallegos “Terra de Melide” (1933), comarca del “centro” de Galiza. Y de este período no podríamos olvidarnos de una biografía realizada por Risco sobre la figura de un precursor del Galleguismo, del historiador y marido de la poetisa romántica Rosalía de Castro,  “Manuel Murguía” (1933).

 

Risco creía que a partir del antiguo druidismo, de la literatura de las Eddas, del Kalevala finlandés, de Pitágoras y Platón, de los neoplatónicos como Plotino, de ese antiguo paganismo procedía la auténtica tradición esotérica de Europa. Posteriores disciplinas esotéricas en Occidente, siempre le interesaron y esto  le lleva a  investigar igualmente sobre el creador de la Antroposofía en su extenso artículo   “O teósofo alemán Rudolf Steiner”.  Aquí nos dará su visión y mostrará su interés por autores de la tradición hermética, por la orden creada por Christian Rosenkreuz, por la magia de Eliphas Levi o Papus,  así como de esos sucedáneos pseudo esotéricos que salieron a partir de la truculenta historia de la Sociedad teosófica, con Blavastsky, Bessant, Sinnet,  Krishnamurti y Steiner incluido, al cual considera el más aceptable, si bien dice “…todavía podría ser que este trabajo mío sirviese para encaminar a los inquéritos  de los que en Galiza picaron en ese cebo de la teosofía y del ocultismo, para enseñarles los errados viáticos por los que andan metidos, sobre todo si consiguiese atraer la atención de ellos cara cierta actitud especial de R.Steiner en estos asuntos, sin embargo las obras del teósofo alemán no sean tampoco en todos los puntos igualmente dignas de ser recomendadas”[14].  La iniciación de Steiner por parte  de un maestro “oculto”, el templo levantado en Dornach (Suiza), la  aceptación gnóstica de Cristo frente a otros teosofistas, la influencia de Goethe en Steiner, la “metodología” empleada como camino al conocimiento superior, son analizados por un Risco ya decepcionado de estos movimientos pseudo-esotéricos.

 

 Estas 2 décadas de los años 20 y 30 como podemos leer en sus biografías,  son tiempos de gran actividad político-cultural así como de elaboración  de artículos ideológicos y etnográficos, ensayos y novelas  en lengua gallega. Toda esta actividad identitaria se verá truncada con el estallido de la Guerra Civil.  Y  como militante y jerarca del movimiento galleguista será vigilado de cerca, siendo represaliados y asesinados íntimos suyos. Pero aún siendo católico y antimarxista, para los nacionales será un elemento hostil, mientras que para el ala izquierdista del movimiento galleguista será una especie de traidor. Lo cierto es que fue un incomprendido, quedó atrapado entre dos concepciones antagónicas siendo su weltanschauung una tercera vía.                     

5.- La  Tradición Perenne y los Mitos a la luz de sus escritos

 

Tanto en su obra pictórica como en su obra escrita, el interés de Risco por el mundo de la Tradición, como venimos diciendo a lo largo de este artículo, es evidente. Dentro de sus curiosos dibujos, prestó especial atención a la India y a sus doctrinas espirituales: Esculturas clásicas budistas, tankas tibetanos con lamas, brahmanes orando, caligrafía sánscrita, simbolismo alquímico y hermético (vitriol, atanor, etc.), miniaturas persas de período islámico, etc. Y por supuesto una cantidad considerable de dibujos propios de un enamorado de la etnografía, de la arquitectura popular, de la historia de Galiza. [15]

 

En 1943 escribe un estudio titulado “El fin del mundo en la tradición popular gallega” y un año más tarde saldrá publicado su primer libro después de la guerra civil. Liquidada toda actividad galleguista, se dedicará a partir de ahora a realizar sus trabajos de forma individual. Y por imperativos legales, la lengua gallega dejará de utilizarla debido a la obligatoriedad e imposición del uso del castellano por el régimen franquista.

 

Existe una obra de Risco, que digamos –curiosamente- solo existen 2 ó 3 ediciones y que nunca más ha sido reeditada, ni siquiera con motivo de la publicación de su obra completa. Es la “Historia de los Judíos” (1944-45), que a lo largo de unas 550 páginas y dividido en 7 capítulos,  nos relatará desde la destrucción del Templo, hasta el Sionismo propio de su época. Igualmente se dedicará a ilustrarnos sobre la Diáspora y como consecuencia de su establecimiento en el mundo antiguo,- greco-romano, persa, mesopotámico-, de la literatura medieval con su Talmud y la Qabbalah, de los judíos  en la Cristiandad y bajo el Islam, así como de la Haskala-reforma religiosa, del antisemitismo antiguo y moderno, de los Protocolos de los sabios de Sión. Nos encontramos ante un texto tan ecuánime, que para los propios judíos podría ser calificado de antisemita y viceversa.

Para nuestro autor, por ejemplo, hablando del filón central de la mística hebrea, la Cábala, nos dice lo siguiente: “La Qabbalah, como creación específica, es fiel retrato del alma judía, hasta en lo que ésta tiene de enigmático, hasta en esa duplicidad incomprensible que hace de los hebreos –lo mejor y lo peor del mundo-.”[16]    

        

Desde un enfoque etnográfico, Risco ya había tratado el tema del demonio en su artículo “O demo na tradición popular galega” (Nós, Ourense, 15-6, 1926). “Satanás, Historia del Diablo”, aparece en 1947 y la publicación de este libro, según  una de sus biografías, “iría acompañada de una serie de sucesos desgraciados que inquietarían a Risco, convencido de que no se podía descartar una intervención del demonio en su vida: el editor y la edición desaparecen prácticamente sin dejar rastro, él mismo tiene problemas de salud y las cosas del trabajo le empiezan a ir mal. Algunos periódicos en los que colaboraba se ven obligados a cerrar por cuestiones económicas (entre ellos Misión) y otros como Pueblo prescinden de sus servicios”[17]  Al parecer la primera vez que se imprime el libro, esa edición  misteriosamente se quema y por segunda vez es cuando desparece el editor con la edición.

 

En este libro dedicado al estudio de Satanás, encontramos a un Risco fervientemente católico, denunciando las estrategias de las fuerzas del Mal a lo largo de la Historia: “Al diablo, a veces lo niegan los hombres, pero lo afirman los pueblos. El que no cree en él, le pertenece”[18] Nos hablará de la corona de Lucifer, del fruto prohibido, del poder de los demonios (la maldición del dinero, sexo degenerado e inversión del sexo, etc.), del Libro de San Cipriano,  de la  magia natural y ceremonial a través de la historia (Egipto, antigua Persia, Babilonia, etc.). También emite algunas disertaciones bastante desacertadas sobre el Amor Cortés trovadoresco en el capítulo La tentación en los Legos y su apoyo a la causa güelfa frente a la gibelina. Otros temas a tratar en este tratado de demonología son la magia negra, los aquelarres, la condenación a Lutero, al capitalismo y al comunismo,  así como a la Diosa Razón. Igualmente aparecen el Baphomet templario y la Orden del Temple, las tentativas de la masonería por hacerse sucesores de estos últimos, ceremonias espiritistas, crítica abierta a la Teosofía de la Blavatsky y su discípulo Krishnamurti, alusiones al conocido “El Diablo” de Papini. Entre sus múltiples críticas al Teosofismo nos dice: “Es un invento fantástico, no se sabe si diabólico o pánfilo, para poner de acuerdo todas las cosas”[19]  Y ciertamente sabemos que así es el Teosofismo y muchos de sus múltiples sucedáneos: una mezcolanza de hinduismo, budismo, masonería y cristianismo. Agiten y remuevan para obtener un cóctel espiritual que hace de él una golosina,  propio de  mentes despistadas y  charlas de salón de té aburguesado.   

 

Risco asumía humildemente el magisterio de la Iglesia católica, si bien este libro dedicado a desentrañar los aspectos negativos de la modernidad, haciendo responsable de ello a las tretas del demonio, tuvo que pasar por una severa censura de las autoridades eclesiásticas.[20]

 

Desencantado, regresa Risco de su estancia madrileña, estableciéndose de nuevo en Ourense. Se había trasladado en 1945 a Madrid con un doble objetivo: reemprender su carrera científica en el ámbito de la etnografía, así como acompañar a su único hijo varón en sus estudios. Comienza a escribir su primera gran novela en castellano, “La Puerta de Paja”, 1953. Esta novela será finalista del premio Nadal y supondrá su espaldarazo de novelista en lengua castellana, pero que por la represión franquista nunca se le reconocerán sus méritos. “La Puertas de Paja” es de agradable lectura,  está ambientada en la Edad Media, teniendo como protagonistas al obispo Baldonio y su corte de físicos, médicos, magos, en la imaginaria ciudad de Nerbia. Dicho obispo, es excomulgado por tres Papas seguidos, por herético y tener una vida licenciosa, así como por  dedicarse a las artes de la nigromancia. También el obispo Baldonio está interesado en la Tradición Hermética, en el Kybalión. Así habla el protagonista en esta novela: “La naturaleza en su totalidad ha de ser comprendida, no en lo que llamamos su realidad externa, sino en su idea. Si elevándonos por encima de lo sensible, conseguimos posesionarnos de la idea, hallaremos la evidencia de la armonía universal que rige, se refleja y se realiza en todas las cosas y en cada una de ellas, y a la luz de esta idea sublime, si después descendemos de lo universal a lo particular, la hallaremos realizada en infinidad de formas diferentes; entonces nos habremos apoderado del verdadero secreto de la naturaleza, que se encuentra en la Tabla de Esmeralda y comprenderemos que lo de arriba es como lo de abajo y lo de abajo como lo de arriba”[21]    

 A esta novela, le seguirán otras en castellano como “La tiara de Saitaphernes”, famosa pieza de orfebrería regalada por las colonias griegas de Crimea al rey escita Saitaphernes, así como de los misteriosos avatares que acontecen hasta aparecer el tesoro en Galicia. De nuevo el Sar Peladán aparecerá citado en esta novela, así como una referencia al Parsifal de Wagner, por parte de su protagonista, un abogado llamado Carlos Armesto, que conoce a una extraña rusa, Sofía Alexievna. Le seguirán otras novelas (de menor interés para la temática de este artículo) como “Gamalandalfa” y “La verdadera historia del niño de dos cabezas de Promonta”.  

 

“La Historia de Oriente contada con sencillez”, sale de la imprenta en 1955.  Es un didáctico libro en el cual Risco, escribe sobre un  tema que conoce ampliamente  y que siempre ha sido de su gusto… Oriente. Religiones, Tradición,  iniciados, profetas, dioses, textos sagrados, épica…son temas centrales de su visión de la historia sobre ese mundo enigmático que desde joven le ha fascinado, pues en Oriente para él comienza la historia de la humanidad, con los Diez patriarcas antediluvianos. Comienza en el mundo sumerio y ya en el babilónico, con los hijos de Jafet, nos retrotrae a los orígenes de la raza indoeuropea: “…en época antiquísima  (se refiere la cita después del Diluvio) aparecen en Asia los descendientes de Jafet, los aryas o indoeuropeos, nómadas, pastores y guerreros como los primitivos descendientes de Sem. Sus atributos son la vaca, el caballo y el hierro” [22]  El primer imperio persa, la doctrina de Zoroastro, Egipto, Alejandro Magno y romanos en Asia, la aparición del Cristianismo y el Gnosticismo, la India de la épica arya del  Mahabaratta y del Ramayana, Vedas y comentarios al Bhagavad-Gita, el Príncipe Siddharta y la explicación de las Cuatro Nobles verdades, la expansión del budismo en Asia hasta la aparición del Islam, son a grandes rasgos la primera mitad de la obra. Con respecto al Islam, Risco tiene una doble visión. Por un lado elogia a la religión musulmana en un poema en castellano, titulado Islam, por otro le inquieta su expansionismo y es severamente tratado. Incluso llega a emitir la siguiente opinión en torno al profeta Mahoma: “Entre los cristianos fue tenido durante siglos Mahoma por un impostor; más tarde los racionalistas lo tuvieron por alucinado. No se tuvo en cuenta, hasta muy recientemente que pudo ser las dos cosas a la vez…Se muestra humano, compasivo y devoto, e incluso recto, aunque con idea exagerada de sí mismo”[23]      

 

Continúa la obra analizando la cultura y expansión islámica. Sigue por el Asia amarilla, empezando por los orígenes míticos y celestiales de los emperadores chinos (Fo-Hi),  hablándonos del Tao y Lao-Tsé, del confucionismo y la expansión budista, de Marco Polo, del Imperio del Gran Mogol, del Imperio portugués en Asia,  del Japón sintoísta, de los samuráis y los Ronin, de escuelas Zen, hasta llegar a épocas más recientes como el Imperio Otomano. La India moderna y su dominación inglesa,  Indochina e Insulindia igualmente aparecen en esta historia, así como las influencias occidentales en Oriente  y sin olvidarse del papel del Cristianismo. Nombra a Herman Kayserling, a René Guénon y a Tagore como referentes para comprender Oriente. Y acaba el libro con las dos guerras mundiales, con el despertar de Asia, con  interesantes referencias a Kemal Atatturk, a Bal Gangadhar Tilak,  al barón Ungern Von Sternberg, al Mahatma Gandhi y a Chandra Bosse.      

 

Concluyendo. A semejanza de la escolástica de Guénon, Risco pensó que: “Al lado de los orientales, nosotros parecemos inconstantes y veleidosos, eternamente descontentos, en perpetuo cambio y agitación, y lo somos en efecto. Nuestra característica es la inestabilidad. Las sociedades asiáticas están fundadas en la tradición. Tradición y cultura son allí la misma cosa. La tradición abarca las doctrinas, las instituciones, los conocimientos de toda clase y costumbres. Todos los aspectos de la civilización presentan en los países orientales una coherencia entre sí, tal como no ha existido en Europa más que en la Edad Media”[24]                                                                                                           

 

6.- El Graal y su demanda

 

Una obra de gran envergadura pretendía ser  “Mitología Cristiana” (1963), pero no pudo ser  de la extensión que hubiese gustado al autor, debido a que en esa época  su estado de salud era bien delicado.  Aún así, Risco nos adentra en los grandes mitos que conforman el cristianismo en Europa, “la mitología cristiana es el drama del hombre hecho historia. Es la mitología del mundo exterior, del Microcosmos, la vida agitada y trágica del alma dentro de sí misma, desgarrada por la tensión violenta de fuerzas opuestas, más agudas y crueles que las que trabajan en el Macrocosmos”[25]. Y comienza la obra con el ciclo épico, siguiéndole el ciclo trágico.

 

 El ciclo épico, es inaugurado por el tema de Urwald- el bosque primigenio- donde nacen los héroes como Sigfrido, Parsifal, Buddha. Es el bosque de Broceliande, donde todavía viven en el mundo feérico, seres de las mitologías paganas céltica y germana que él tanto amaba. “Hay una palabra que resume todo este mundo fantástico de los pueblos del Norte. Basta pronunciarla con los ojos cerrados para ver, con la mirada interior, todos esos encantamientos y esas razas de espíritus invisibles, con su dulce poesía de novela de caballeros o de cuento infantil, con su fresco colorido de gótico tapiz, para escuchar historias de ensueño con música de juglares, con notas de viola y de zanfona, como las que tocan los ángeles en las catedrales. Esta palabra es Broceliande”.[26] 

 

Así como existe un mundo feérico, existe un mundo de la magia y ese es el mundo del Venusberg,  de Venus como eterna seductora de los héroes en los poemas heroicos. Así como los genios célticos y germanos fueron confinados en el bosque, Venus fue confinada en el interior de la montaña. “Una caverna de la montaña es la residencia de Venus…La gran diosa primitiva ha vuelto a refugiarse en el que fue su primer templo; ya conocemos su simbolismo: la caverna de los misterios, el útero de la Gran Madre, la entraña prolífica de la Madre Tierra, a donde desciende el iniciado para volver a nacer, la puerta del mundo de Omoroca, del mundo primitivo anterior al hombre, donde reinó la noche de los tiempos…”

 

Continúa el ciclo épico con el Graal. Es quizás el principal símbolo, el mayor misterio que atrapa y encandila a Risco, dedicándole algunos estudios: Tenemos por ejemplo “A leenda do Graal”, (Nós, 139-144, Ourense,  año 1935); otro en clave wagneriana “De Sigfrido a Parsifal”, (Misión, 55, Pamplona, IX: año 1939) y  “El misterio del Santo Grial”, (Misión, 128, Madrid, año 1942). Sin embargo no será hasta 1963, cuando escribe “Mitología Cristiana”, donde en los capítulos dedicados a “La Demanda del Santo Graal” y “Alrededor del Misterio” profundice y exprese su máxima admiración por el símbolo primordial de la caballería celeste medieval. Sabemos que la búsqueda del Graal es el camino iniciático en busca del centro del Ser, símbolo del corazón y receptáculo de la inmortalidad, semejante a la piedra filosofal de los alquimistas, de la mente diamantina de los budistas. Por ello Risco, con sapiencial intuición nos dice que “Ningún misterio se descifra, y por ello, es fuente perenne de luz y de poder. Su sentido es, al mismo tiempo, patente y arcano, evidente para la conciencia interior y se realiza por sí mismo. En esto consiste su virtud. El acto por el cual se pone en acción la virtud del misterio es el rito”[27]   No se queda Risco en su estudio sólo en un sentido meramente religioso y devocional. Sabe que el Graal y su búsqueda es un auténtico camino iniciático, de conquista de la naturaleza interna y objeto de meditación permanente, siendo el Santo Vaso como núcleo metafísico de la individualidad. Así pues nos dice que “El acceso a Montsalvat significa la participación en ese tesoro secreto, el ponerse en contacto con los planos superiores de existencia, la superación de las condiciones ordinarias de la vida interior. Por lo tanto, la Demanda del Santo Graal es el modelo de toda aventura trascendente y ninguna otra puede aventajarla… Es también en cada uno de nosotros, el corazón de la personalidad, como la Caballería es el espíritu infundido en la Sangre” [28]

 

Para Risco,  hay 7 doctores del Graal: el sabio druida Merlín, el moro Flegetanis, el armenio Kyot, Chrétien de Troyes, Wolfram Von Eschenbach, Ana Catalina Emmerich y por último Richard Wagner. De cada uno de ellos nos hablará sobre los conocimientos que cada uno poseía sobre el Graal.  Del maestro de Bayreuth, del cual en varios escritos se considera devoto suyo junto con R. Strauss, nos dice: “Wagner procedió muchas veces sin darse cuenta inmediata del sentido de su obra, es decir, según verdadera inspiración, como si alguien se lo soplase[29]  

 

La migración de Occidente a Oriente con el posible traslado del Graal al reino del Preste Juan, la hipótesis de un Graal pagano siendo la piedra verde de la corona del ángel caído, con versión parsi incluida, la Orden del Temple, las interpretaciones curiosas de Mario Roso de Luna, hasta llegar al Graal de Valencia y por supuesto el del Monte Cebreiro, son los senderos que nos ilustra sobre el Graal. Y no se olvida de desautorizar a Otto Rahn, puesto que no cree en los cátaros como depositarios del Graal: “…Otto Rahn trató de levantar un Graal  herético en  Montségur, en los Pirineos. Según él, hubo allí hasta el siglo VI un santuario de la diosa lunar Belisema, servido por druidas celtíberos. Más adelante, los cátharos de Provenza predicaban juntamente las doctrinas de Zoroastro, de Buda y de Cristo y adoraban una piedra cuyo templo se alzaba en Montségur. Aquella piedra era el Graal y aquel templo Montsalvat. Esta quimera despertó entusiasmo en algunas localidades de Provenza…”[30]

 

El Graal con su Demanda y Misterio cierra el ciclo épico, abriéndose el trágico. Y la apertura corresponde a Hamlet, como ángel de la duda, la duda como lo más humano de lo humano. Sigue con Don Juan como prefigura del superhombre, Don Quijote como caballero de la nostalgia, el Rey Don Sebastián  de Portugal como arquetipo artúrico y último paladín de la Caballería Celeste, con el Fausto de Goethe visto como un mito étnico, Pierrot como un “fin de cultura” y por último el Arlequín, con sus relaciones simbólicas con el tarot, donde hermetismo y alquimia se entrelazan aderezadas con interpretaciones de Jung.                                                                

 

Del último libro que vamos a tratar en este apartado, tenemos constancia que se publica en 1968. Se trata de “Orden y Caos”. Imaginamos que es obra póstuma, puesto que don Vicente fallece a la edad de 79 años, un 30 de Abril de 1963. Como anécdota diremos que estando a las puertas de la muerte, un cura se acercó a casa de don Vicente para darle la extremaunción. Al salir el párroco de la habitación, le dijo éste a su hijo: “Veo que este hombre está religiosamente muy deformado”[31]  Lógicamente, escribiendo lo que escribía y pensaba, no era un católico convencional. Era sin  duda un hombre que buscaba la Verdad, la Gnosis.   

 

“Orden y Caos”  es un magistral tratado sobre el mundo del Mhytos, a la altura de cualquier escrito de Mircea Elíade. Sus referentes de nuevo son René Guénon, Schelling, Keyserling,  Hermann Wirth, C.G.Jung, E. D´Ors,  entre otros. Sabe Risco que “El mito es el ensueño de las estirpes…El recuerdo va en la sangre, en la sangre van los arquetipos míticos, las ideas, los sentimientos, las experiencias, los deseos fundamentales,   hechos forma viviente, como en el ensueño. La gente sabe muy bien, sin darse entera cuenta, lo que es llevar las cosas en la masa de la sangre; los sabios sólo ahora comienzan a sospecharlo. El mito nos enseña, pues la significación de la vida, su sentido, no su realidad, pero sí su verdad profunda”[32]  Y con relación a la simbólica de los mitos, nos dice que ha de interpretarse por intuición, “esto es, por el camino más próximo a aquel por el cual se ha formado”.

 

Antiguos mitos como Belo y  Amoroca, Marduk y Mummu-Tiamât, Apolo y Dionisos, Orfeo y su Música, la Atlántida y Platón, la Torre de Babel, el Pez Oannes y el avatar de Vishnú como Matsyavatara,  el Minotauro, los Hiperbóreos, la isla de Avalon, la isla de San Brandán, la fabulosa Antilia,   los mouros guardianes de Tesoros de la Tierra Hueca…También se tratan conceptos como el de Dharma en relación con el Orden cósmico, las ciudades asolagadas de A Limia e Ys por caer en el caos, el mestizaje como regreso al Caos, descripciones de la geografía sagrada de Galiza, religión revelada frente a Paganismo, estados múltiples del Ser según los Vedas… son algunos de los temas principales de este maravilloso texto.    Y es de destacar su interés por la Atlántida, pues Risco se consideraba un hijo de la civilización atlántica, del mundo de los finisterres célticos, frente a la civilización mediterránea. Ese “atlantismo”, diferente a lo que a día de hoy se entiende “geopolíticamente” hablando, es un factor fundamental de su tierra, Galiza, así como de su hermana del Norte, Irlanda y de su hermana del Sur, Portugal, tierras hacia las cuales siempre miró y supo ver enormes conexiones y paralelismos de irlandeses y portugueses con respecto a los gallegos..   Otros artículos donde desarrolla el tema de la Atlántida son:   “Galicia y la civilización atlántica” (El Noroeste, 1909), “A Atlántida”, (A Nosa Terra nº 101, 1919)

 

El saber es  recordar, y por ello recurrimos a los mitos, para no olvidar, para no perder la Memoria. El olvido es el caos, es la pérdida de nuestra conciencia, del  profundo sentido del viaje a Itaca que todos realizamos y de la tierra legendaria a la que viajan  solamente los héroes e iniciados: “Mientras el hombre se deja conducir desde arriba, es muy fácil permanecer en la verdad, más cuando quiebra su relación con lo divino queda reducido a sus propias fuerzas y éstas son incapaces de alcanzar por sí solas las últimas verdades, en su forma definida y concreta. Hay además, una cosa terrible: el espíritu humano es principalmente, memoria; por la memoria conserva el hombre su identidad, puede conocerse a sí mismo, es quien es, es un alma en un cuerpo, una persona. Pero he aquí que posee también la más peligrosa de las propiedades que es el olvido. Sin duda el olvido es necesario, es una capacidad de selección; pero también puede ser un castigo. Sin duda, la confusión de lenguas, se operó por medio del olvido. Por el olvido pierde el hombre la verdad –el olvido es siempre pérdida- y pierde a Dios”[33]   

 

Y hasta aquí hemos hecho un repaso muy condensado de la obra de nuestro maestro, mayormente en su perspectiva tradicional que política. A continuación veremos una síntesis de la weltanschauung risquiana donde la esencia de la  Tradición, Tierra e Identidad  se funden bajo la forma de una Orden.

 

7.-Identidad y Restauración Tradicional: A Orde do Sancto Graal.

 

Sobre el más que curioso texto de Risco, “Doutrina e ritual da Moi Nobre Orde Galega do Sancto Graal”, no podemos decir con rigor el año que escribe  el manuscrito. Quizás a finales de los años 20, principios de los 30 pero no se publica hasta 1979. El texto consta de dos partes diferenciadas: La doctrina y el ritual.

 

Es un texto elaborado con dibujos y diseños muy específicos. Son símbolos como el estandarte de la Orden, Copa del Graal, Espada rota, dragón atravesado por espada, calavera e incluso plano del templo de la Orden,  pudiendo dar a entender que deja así una sugerencia muy concreta. Una idea más que interesante y profunda para aquellas personas que creemos en la Tradición. Y la máxima que acompaña a los dibujos es: Hoc hic misteryum fidei firmiter profitemur, divisa del antiguo reino de Galicia, merced al antiguo privilegio de la catedral de Lugo de la exposición permanente de la sagrada forma. Buscando su significado interior, “Aquí confesamos con fuerza este misterio de fe”, podría bien tener un significado más profundo e implícito al puramente  exotérico. El conjunto de dibujos simbólicos que nos lega son señales que nos invitan a descubrir esta máxima. Risco nos acerca con su pluma al misterio del Grial, al trabajo de una Orden que debe poner fin al caos en la tierra que él ama y siente.  Para ello, elabora una  causa; una Doctrina y su operatividad, el Ritual. Nos presenta quizás, un trabajo esotérico, propio de almas valientes que quieran oír y osar.

 

En este texto podemos intuir como Risco -sabiendo cual es el proceso de regeneración del individuo, dado todos sus estudios y trabajos –plantea la creación de una Orden para restaurar  el espíritu  céltico-cristiano de sus ancestros. Y para ello –pensamos- busca la legitimidad y las influencias iniciáticas o espirituales que residiesen todavía, para esta nueva orden de 12 caballeros en antiguas órdenes de Caballería, como la de Santiago, la del Santo Cristo portuguesa (reducto de templarios), de Montesa, del Santo Sepulcro y de S. Juan de Jerusalem.  Y el lugar elegido para la constitución de dicha Orden es la simbólica montaña del Cebreiro, lugar donde se encuentra uno de los griales en nuestra península. O Cebreiro, montaña simbólica desde la cual  vislumbra ya el peregrino la cercanía y la meta del Camino iniciático de Santiago. O Cebreiro, montaña simbólica  y centro de peregrinación en la antigüedad, dedicado  al culto al dios Lug.  O Cebreiro, lugar donde se produce un milagro, allá por nuestra rica Edad Media. Milagro donde el pan se convierte en carne y el vino en sangre, según nos cuenta la leyenda tradicional.[34] Recoge Risco esta leyenda tradicional, así como poco tiempo antes lo hace el “poeta da raza” -Ramón Cabanillas- en su célebre poema-saga “Na Noite Estrelecida” (1926).

 

La doctrina es una visión mítica de la historia antigua de Galiza: Alusiones al rey Breogham y a  sus hijos Ith y Aimerguin, así como la conquista de Irlanda procedentes  del medieval Leabhar Ghabhala. La espada del rey Arturo y el río del olvido, el Apóstol Santiago y el combate contra los moros, así como la explicación del simbolismo de la Copa del Santo Graal. Es de destacar la influencia del Parsifal de Wagner en esta interpretación doctrinal. Y todo ello escrito en un gallego arcaizante, aderezado  de alusiones al despertar del espíritu de la tierra y del pueblo gallego para sacudirse yugos extranjeros.

 

El ritual es descrito minuciosamente: comienza con la descripción del Templo de la Orden, “La Orden tiene más que un solo un Templo, que es el de Montsalvat; todos los otros templos son solamente imitación y representación de aquel Templo único”[35]   . Sigue con la predisposición del altar y de la liturgia, así como de la recepción de los Postulantes, el  reglamento de los Capítulos,  los ágapes,  la recomposición de la espada rota y por último de la reprobación de los Caballeros.   

 

Junto con el Graal, otro de los elementos simbólicos con gran fuerza que forman parte de este ritual, es el de la espada rota.  Recordemos que la espada rota es “símbolo de la agresividad espiritual, del ánimo del héroe, la espada rota es un símbolo que representa un estado de destrucción  de dicho factor… Sigfrido encuentra, en su adolescencia, los trozos de la espada Balmunga, que Odín diera a su padre Sigmund. Mime, el herrero no podía soldarla y Sigfrido lo logra”[36] Así pues, mientras no se reúnan los trozos de la espada, no se conseguirá reunir lo disperso, no se logrará llegar al “centro” de la empresa acometida.  Y los trozos de esta espada simbólica son Galiza por un lado y Portugal por otro. Risco al igual que otros muchos galleguistas, ve en Portugal la Galiza de la Reconquista, la expansión natural de un reino que de la mano de su  nobleza guerrera y trovadoresca  llevó su lengua de un extremo a otro del Orbe, creando un Imperio. Esta reintegración es simbólica, es el encuentro de una tierra madre Galiza, con su vástago  Portugal: la unión de la energía femenina con la potencia masculina.

 

 Sabemos que la creación de una Orden tiene principalmente como finalidad un doble objetivo: en el sentido individual facilitar la transformación interior, la mutación  y el encuentro de nuestra verdadera naturaleza, la realización espiritual del caballero iniciado. Y en el sentido colectivo, la  concentración de una fuerza metafísica capaz de ser operativa en la realidad, capaz de influir en su entorno. Con estos objetivos experimentaron en tiempos más o menos recientes la Orden de los Armanen, el Grupo de Ur y los Dioscuros, entre otros.

 

Y sobre  la pregunta que algunos nos hemos hecho, si en algún momento llegó  a operar esta Orden, la dejamos en el aire. En su época, hombres de la talla como Ramón Otero Pedrayo, Florentino Cuevillas, Antón Lousada Diegues, Ramón Cabanillas, Álvaro  das Casas, Primitivo Rodríguez Sanjurjo, Álvaro Cunqueiro,  Xosé  Filgueira Valverde, entre otros bien pudieron compartir este mismo espíritu. Pero por indagaciones nuestras no podemos afirmar nada, si bien dudamos de que se llegase a constituir dicha Nobre Orde Galega  do Sancto  Graal.[37] 

 

Risco, con este texto, ha osado. Tenía muy  claro que “milicia es la vida del hombre sobre la Tierra”. Intenta presentarnos  los símbolos y los ritos propios para recuperar la fuerza y la voz de nuestros ancestros galaicos, para el despertar tanto individual como colectivo de la Tierra y el Pueblo. Así nos lo transmite en el Ritual,  por voz del Gran Maestre de la Orden del Graal: “En el silencio y en la paz meditemos juntos, queridos hermanos… Esta ceremonia es la prefiguración del Augusto Misterio que ha de tener lugar cuando nuestros tiempos sean cumplidos…Entonces el verdadero Santo Graal será manifiesto a los ojos y  corazones de los elegidos…De que el sea manifiesto, el Mal quedará por siempre vencido, y el triunfo glorioso de nuestra Raza y de la Tradición quedará afirmado para siempre”[38]

 

Federico traspedra

 (Equinócio d´Outono 2008- San Mig



[1] Se puede consultar en www.fundacionvicenterisco.com, en la sección de Obra. Es de observar,  la enorme cantidad de escritos. Igualmente hay videos con obra artística de nuestro autor, dibujos y pinturas.

[2] Existen varios estudios publicados sobre el análisis de la obra risquiana, a  destacar los siguientes:

“Para ler a Vicente Risco”, de C.Casares, A.Lezcano y A.Risco. Ed. Galáxia, Vigo 1997, considerado como libro-documento. 

“Vicente Risco no Nacionalismo Galego” (dos volúmenes) de Justo G. Beramendi. Ed. Do Cerne, Santiago de Compostela, 1981.

[3] “Vicente Risco”, Carlos Casares, Ed. Galáxia  Vigo 1981.  Pág. 20

[4] “Nós, os inadaptados”, en “Leria”. V. Risco.  Ed. Galáxia, Vigo 1990. Págs. 55 y 51, 52.

[5] “Pensamento de Vicente Risco”, Antón Risco.  Ed. Alvarellos, Lugo 1978. Pág.35

Igualmente la frase de Risco “Se non fose católico, faríame budista” es  recogida  en otra biografía “Para ler a Vicente Risco”, pág. 129.

[6]  Revista “La Centuria”- “Preludio a toda estética futura” Vicente Risco. Sotelo Blanco Edicións 1981. Pág. 17

[7] “Las Tinieblas de Occidente” Vicente Risco. Obra Completa Vol. 6. Pág. 16

[8]  Obra citada “Las Tinieblas de Occidente” Pág. 34-35

[9] Obra citada “Las Tinieblas de Occidente” Pág. 92

[10] “Filosofía da Saudade” Ramón Piñeiro. Ed. Galáxia, Vigo 2001. Pág. 40

[11] “O Porco de pé”. Obra Completa Vol. 1 pág. 86

[12] Obra citada “O porco…” pág. 111.

[13] “Mitteleuropa” Obra Completa Vol. 1 pág. 476.

[14] “O teósofo alemán Rudolf Steiner” Revista NÓS nº15, Xaneiro 1923.

[15] “Obra Gráfica de Vicente Risco” Ed. Galaxia, Vigo 2006.

[16] “Historia de los Judíos” Vicente Risco. Ed. Surco, Barcelona 1955. Pág. 180.  Léase lo mejor, por Jesucristo  como Logos Solar. No olvidemos que Risco era un católico peculiar y preconciliar,  pero católico al fin y al cabo. Lo peor con respecto al judío, ya se presupone: usura, marxismo, freudismo, internacionalismo, etc.

[17] Obra citada, “Vicente Risco” C.Casares, pág.121. Alguien podría ver en esto pura superstición, pero lo cierto sobre estas intervenciones de las fuerzas del Mal, es que  igualmente a René Guénon, en su epistolario privado, comenta este tipo de sucesos, que en verdad suceden. Él mismo los experimentó.

[18] “Satanás, Historia del Diablo” Vicente Risco. Obra completa Vol. 7, Vigo 1994, pág. 359

[19]  obra citada, “Satanás, Historia del Diablo” pág. 626

[20] Obra citada “Para ler a Vicente Risco” pág. 129

[21] “La Puerta de Paja” Vicente Risco. Obra completa Vol. 2, Vigo 1994, pág. 29

[22] “Historia de Oriente contada con sencillez” Vicente Risco. Obra Completa Vol. 6. Pág. 132

[23] Obra citada “Historia de Oriente…” Pág. 216

[24] Obra citada “Historia de Oriente…” Pág. 112-113.

[25] “Mitología Cristiana” Vicente Risco.  Obra Completa Vol.6, Vigo 1994, Pág.373

[26] Obra citada “Mitología Cristiana”  Pág. 381

[27] Obra citada “Mitología Cristiana”.  Pág. 419

[28]  Obra citada “Mitología Cristiana”. Pág. 424

[29] Obra citada “Mitología Cristiana”. Pág. 400.

[30] Obra citada “Mitología Cristiana”. Pág. 413.

[31] Obra citada “Para ler a Vicente Risco”

[32] “Orden y Caos” Vicente Risco. Obra Completa Vol. 6. Pág. 514-515.

[33] Obra citada “Orden y Caos”. Pág. 526

[34]  Sobre el origen pagano del santuario del Cebreiro, consultar  “Soberanía e santuarios na Galiza castrexa”. Marcos V. García Quintela. Ed.Toxosoutos.

[35] “Doutrina e Ritual da Mói Nobre Orde Galega do Sancto Graal” Vicente Risco. Obra Completa Vol.5. Pág. 752

[36] “Diccionario de símbolos”.  J.E. Cirlot. Ed. Siruela, Madrid 2006. Pág. 200

[37] Entrevista privada realizada a D. Manuel Fraga Iribarne (23.01.03), a quien Risco dedica “Mitología Cristiana”, manteniendo trato personal durante los últimos años de vida. Y entrevista privada con don Fco. Fernández del Riego, editor y amigo personal de Risco (07.02.03), militante del histórico Partido Galeguista. El primero no conocía el texto, el segundo cree que tal Orden no llegó a crearse y que ni siquiera le habría consultado a sus íntimos como Otero Pedrayo, Florentino Cuevillas o Ramón Cabanillas.

[38] Obra citada “Doutrina e Ritual...” Pág. 762-763.

SIMBOLISMO Y ARQUEOLOGIA DE LA ROSACEA O FLOR GALANA

Escrito por identidade 05-08-2010 en General. Comentarios (0)

Introducción

 

Afirmaba en torno a la explicación del símbolo, uno de los últimos metafísicos de Occidente, René Guénon que “las representaciones propiamente simbólicas…son  incomparablemente menos limitadas y constringentes que el lenguaje ordinario y, en consecuencia, mas aptas para la comunicación de las verdades trascendentes, y de ahí la continua utilización que de ellas se hace en toda enseñanza que posea un carácter verdaderamente “iniciático” y tradicional” [1]

 

Otro autor, igualmente estudioso de las doctrinas y del arte del mundo de la Tradición como Frithjof Schuon, nos insiste en  que el lenguaje de la religión es el simbolismo y que a su vez el simbolismo es una realidad concreta que se basa en analogías reales. Ahora bien, debido al alejamiento de Dios y  a la falta de “comprensión” por parte del hombre en este final de ciclo,   la tradición “a partir de cierto “momento cíclico”, se vio obligada a explicitar verbalmente los símbolos, que en el origen, -en la “Época Divina”- eran suficientes para transmitir las verdades metafísicas” [2] Esto es efecto de una causa: el ser humano se ha vuelto cada vez mas racionalista, ha endurecido su corazón, se ha producido una escisión entre el Hombre y el Cielo,  consecuencia y reflejo obvio de lo que se puede observar en la Tierra,  y no debido a esa disociación- digamos simplista y telúrica- del hombre con la tierra, como piensan los “rojiverdes”.  La mentalidad simbolista se ha dormido en el hombre moderno y está roncando plácidamente para nuestra propia desgracia. Esa mentalidad, que es fluir e intuición en su sentido superior es preciso despertarla, o mejor dicho, reintegrarla, juntarla, pues esa es la  verdadera etimología de la palabra símbolo.

 

Abordaremos entonces el estudio de este símbolo siguiendo las premisas que se aconsejan, puesto que “para comprender determinado símbolo, basta considerar su naturaleza o su forma, después su definición doctrinal, luego tradicional, y por último las realidades metafísicas y espirituales de las que ese símbolo es expresión”[3]   

 

Así pues, trataremos en este artículo un símbolo puramente geométrico y no procedente de la Naturaleza (como el árbol, el lobo o el jabalí, ya tratados en otros números de Tierra y Pueblo/ Terra Nostra) aunque al  igual  que la propia Naturaleza su mensaje es intemporal y que como podremos observar, constituye un viático espiritual de primer orden.

 

Interpretaciones del simbolismo de la Rosácea:

 

La Rosácea, es una figura geométrica trazada a compás. Su elaboración se basa en que tomando el radio de una circunferencia, podemos dividir su perímetro en seis partes iguales. Así pues,  si desde cada una de las seis partes de la circunferencia alzamos el compás, obtendremos los seis ejes de la rueda o los seis pétalos. De ahí que por lo general las primeras representaciones de nuestro símbolo estén inscritas dentro de la circunferencia, dando así el aspecto de rueda. Posteriormente se omite el perímetro y quedan las aspas, destellos o pétalos, pasando a simular una flor de seis hojas.

 

Comúnmente es denominado este símbolo como Rosácea pero tiene también otras denominaciones como Roseta o  Ruedecilla céltica, como veremos a continuación. Así pues nos encontramos que en la historia del arte europeo este símbolo apenas estudiado que se repite hasta la saciedad en diferentes períodos históricos, tendrá una continuidad, digamos “ornamental”, bastante relevante casi hasta nuestros días.

 

En ambas acepciones o interpretaciones de la rosácea bien como ruedecilla o bien como flor, bien como estrella, el resultado es similar, puesto que nos remiten al simbolismo del centro, ya que aunque la circunferencia no aparezca trazada, “la rueda de seis rayos…no puede dejar por ello de considerarse como inscrita en una circunferencia…es decir, la circunferencia que determina su contorno y su límite”[4]

 

En la antigua Irlanda, había cuatro reinos y  la capital del rey estaba en el centro de la  isla y su topónimo era Tara. Esta palabra en sánscrito significa “estrella” y particularmente designa la estrella polar. En galés y bretón “Tarann” equivalen a “trueno” y el dios céltico Taranis era asociado a las tormentas y en sus representaciones galas sostiene una rueda. En sánscrito “Tarani” es una de las palabras que designan al Sol y Shiva es llamado a veces Tara, como equivalente de “aquel que ayuda a pasar del otro lado del río”. “Estos diferentes aspectos hacen de Tara una puerta, un lugar donde  es posible la ascensión al mundo celeste”[5]

 

Por otro lado, la flor por su breve vida “es símbolo de la fugacidad de las cosas, de la primavera, de la belleza”[6]. Según referencias históricas, los griegos y los romanos cubrían de flores a sus muertos antes de llevarlos a la pira funeraria y luego esparcían dichas flores sobre sus sepulcros, no tanto como ofrenda a los difuntos, sino como analogía de la fugacidad de la vida. Esta costumbre se perpetua hasta nuestros días como  bien es sabido, pero mayormente en el sentido de ofrenda y de reconocimiento al ser querido, mas que como su “interno” significado.  Esto es en lo relativo a la naturaleza de la flor, pero en lo referente a la forma, “la flor es una imagen del “centro” y, por consiguiente, una imagen arquetípica del alma”[7] Y es que un símbolo como la rosácea tan representado en nuestro arte europeo, insisto,  y en concreto en nuestra península ibérica, que ha pervivido en el arte ornamental  rural, como símbolo  mágico propiciatorio o protector es algo más que una bello motivo geométrico. Esta representación de la rosácea como flor nos remite sin ningún género de dudas, en su origen como procedente de una rueda: “Cuando la flor se considera como representación del desarrollo de la manifestación, hay también equivalencia entre ella  y otros símbolos, entre los cuales ha de destacarse muy especialmente el de la rueda, que se encuentra prácticamente en todas partes, con número de rayos variables según las figuraciones, pero siempre con un valor simbólico particular de por sí. Los tipos más habituales son la ruedas de seis y de ocho rayos; la “ruedecilla céltica”, que se ha perpetuado a través de casi todo el Medioevo occidental se presenta en una u otra de estas formas” [8]

 

Por otro lado, R.Guénon nos indica otra correspondencia entre el número de pétalos de algunas flores y el de los rayos de la rueda: Así pues dentro del mundo tradicional indoeuropeo, en Occidente la flor de la nobleza por excelencia, representada por el lirio o también llamada flor de lis en nuestra heráldica, posee seis pétalos al igual que la rosácea o la ruedecilla céltica.

 

 Mientras tanto en la India y por extensión a las tradiciones en su origen aryas como el Hinduismo y el Budismo, la flor por excelencia es el loto, de ocho pétalos, al igual que su rueda de ocho rayos, su “rueda de la vida”. Cabe recordar que la rueda (chakra) es uno de los símbolos atribuidos a Vishnú, junto con la maza (gada) y la caracola (sankha). Al respecto de una flor de loto y su girar como rueda, un bello relato nos cuenta que Buda reunió a sus discípulos para explicar el Dharma. Sus discípulos esperaban un sermón, unas palabras y unas explicaciones pero ese día cogió una flor de loto en su mano y la hizo girar como una rueda. Ante todo el gentío allí presente, su discípulo Mahakashyapa en ese instante sonrió e inclinó la cabeza, asintiendo. Había alcanzado la iluminación, el Despertar. De nuevo las palabras limitan: un gesto (girar como una rueda), un signo (la flor) habían bastado para transmitir al príncipe Siddharta su linaje espiritual. Así pues Mahakashyapa se convirtió en el primer sucesor del Dharma del muy venerable Buda Shakyamuni.    

 

Nos recuerda Julius Evola que el budismo pertenece al filón central de la metafísica hindú y que la aspiración del seguidor de la doctrina del Despertar es el destruir la ignorancia -ese sueño, saco de manías y olvido- no aceptando el estado de existencia en el que nos encontramos aquí,  es de igual manera análoga  a la del iniciado helénico que bebe de la fuente del recuerdo para reingresar a su naturaleza  primordial, semejante a la de los dioses. Queda excluida toda mitología moral. Lo que subsiste es una actitud de centrismo”[9] . De nuevo queda manifiesta  la importancia de la idea de la conquista del centro, puesto que su logro significa escapar al cambio perpetuo al que estamos sometidos en el mundo del Devenir (mundo samsárico) y a su rueda. De ahí, tanto en el Hinduismo como en el Budismo la importante figura o estado del “Chakravartin”, “el señor que hace girar la rueda”.  

 

Volviendo al símbolo del que nos estamos ocupando,  en tanto que la rosácea como rueda, debemos tener presente que la mayor parte de las veces cuando se nos explica este símbolo por parte de historiadores del Arte, nos remiten a una de las formas elementales del simbolismo de la rueda que siempre nos lo interpretan como de carácter solar. Y en ello no hay objeción alguna si dichos historiadores no caen en describir el culto solar como un simple animismo o  “naturalismo”. Según Hermann Wirth,  para las antiguas estirpes nórdico-atlánticas, éstas  profesaban una religión primordial puramente monoteísta y para ellos  la rueda del sol era “el símbolo del Ser Supremo, del Espíritu del mundo como universo, como todo cósmico”[10]. Teniendo presente que el sol es el centro de nuestro sistema planetario, eso implica que el planeta desarrolle a lo largo de un año una rotación alrededor suya. De ahí lo que H. Wirth denomina “das Jahr Gottes in der Natur (el año divino en la naturaleza)”,  “die Drehung (la rotación)” y “das Recht (el Derecho)”. En sus obras, H.Wirth recogió entre otros muchos símbolos de origen nórdico-atlántico, a la rosácea.

 

 Quizás de ahí esas representaciones de nuestra Antigüedad, donde el sol es portado sobre un carro de ruedas tirado por un caballo, como por ejemplo del galés de Rhyd-y-Gorse o bien otra variante como el del  austriaco de Strettweg-Steiermark. Y posiblemente esto tenga algún eco lejano en las “ruedas de fuego” que se  tiran montaña abajo rodando en algunas partes de Europa durante la celebración del Solsticio de Verano.[11] 

 

 

Significación metafísica de la Rosácea:

 

Por consiguiente, el propio nombre de la rueda implica como es sabido un movimiento, que es el rotar: la rotación, que es análogo del cambio continuo al que está sujeto todo el mundo manifestado, del mundo “samsárico”, pero que en tal rotación o movimiento “no hay sino un punto único que permanece fijo e inmutable y este punto es el Centro”[12] Es mas, la figura geométrica de la que deriva nuestra rosácea es la del círculo con su centro y su radio: es decir,  el Principio como punto central o la unidad: los radios o pétalos emanan de dicha unidad hasta la circunferencia o la manifestación, que sería la multiplicidad . “…si bien el centro es en primer lugar un punto de partida, también es un punto de término: todo ha surgido de él y todo ha de volver finalmente a él. Puesto que las cosas todas existen sino por el Principio (o por lo que lo representa con respecto a la manifestación o a un estado determinado de ésta), ha de haber entre ellas un lazo permanente, representado por los radios uniendo el centro todos los puntos de la circunferencia de vuelta al centro”[13]

 

 

Habiéndonos aproximado a las posibles interpretaciones de nuestra rosácea, queda por acercarnos un poco más a su  significado profundo, teniendo como premisa todo lo citado anteriormente en sus  evidentes  relaciones  con la flor y la rueda.

 

Así pues la precisión matemática guenoniana nos ha introducido en este símbolo para revelarnos que “todos los seres, que en todo lo que son dependen de su Principio, deben, consciente o inconscientemente, aspirar a retornar a él; esta tendencia al retorno hacia el Centro tiene también en todas las tradiciones su representación simbólica. Queremos referirnos a la orientación ritual, que es propiamente la dirección hacia un centro espiritual, imagen terrestre y sensible del verdadero <Centro del Mundo>”[14] La ritual orientación exterior tiene una inspiración supra-humana y su función en la orientación interior en el hombre y dado que todos  los seres tienen el deber  del  cumplimiento de la Ley Divina o Norma Universal, de nuevo es reiterado el adagio conocido,  de que no se exime  en el estado humano de cumplir la ley, sea conocedor de ella (conscientemente) o no lo sea (inconscientemente). Todos estamos sujetos a las mismas leyes micro y  macrocósmicas, y por consiguiente nadie puede eludirlas. 

 

Por otro lado Schuon, sin duda alguna, acaba por dar una explicación más nítida  de nuestro símbolo: “allí donde está la rotación de la rueda cósmica, allí se produce también la dispersión de las almas, la individuación, con innumerables modalidades; el ego es una consecuencia casi física de la rotación universal. Allí donde está la calma, allí está el acceso al Sí inmutable e indivisible; allí donde está el centro, allí está la Unidad. Y como la rueda cósmica “no es otra cosa” que el Sí, so pena de no tener ninguna existencia, el Sí puede surgir por todas partes como milagro salvador”[15]

 

Y es que el símbolo actúa de manera análoga a lo que en Oriente es considerado el “mandala”. El objetivo último de todo símbolo es conducirnos a la concentración pura, más que fijar en la mente un objeto o idea. Es la disipación de toda distracción, es el sentir la presencia y la gracia divina, el encuentro con la clara luz del ser.

 

Concluyendo, Schuon dice que en todos los pueblos antiguos y pueblos tradicionales en general, su existencia estaba dominada por dos ideas claves: la de Centro y la de Origen. Los comportamientos de estos antiguos pueblos se explicaban directa o indirectamente por estas dos importantísimas ideas, ya que eran punto de orientación en el mundo sin medida y peligroso de las formas y del cambio. “Ser conforme a la Tradición es permanecer fiel al Origen y por ello mismo es situarse en el Centro; es permanecer en la Pureza Divina y en la Norma Universal”[16]

 

 

 

Derivaciones y paralelismos de la Rosácea:

 

La Rosácea tiene por supuesto sus derivaciones dentro de nuestro arte europeo, siendo    ampliamente conocidas sus dos variantes: Una como crismón cristiano y otra como rosetón.

 

El crismón cristiano aparte de ser junto con el pez, uno de los primeros símbolos cristianos, mucho antes de ser considerada la propia cruz y todo lo que ella  encierra, expresa y representa, es sin duda el símbolo mayormente empleado por los primitivos cristianos. Y es que el anagrama de Cristo, es decir, las dos primeras letras griegas de la palabra “Khristos” son las primeras muestras figurativas del arte paleocristiano. Según Guénon habría que distinguir entre el crisma simple y el crisma “constantiniano”. El primero sería la unión de las letras griegas X e I y el segundo de las letras X y P.[17] “In hoc signo vinces”, fue esta la visión de aquel emperador romano llamado Constantino, para declarar religión oficial del Imperio al Cristianismo y comenzar la clausura  de los cultos y ritos paganos.

 

 Algunos autores ven en el crismón un origen pagano, sin duda alguna, puesto que ya aparece representado en monedas aqueas y en medallas romanas muy anteriores al cristianismo. [18]  La evolución de la Rosácea en el arte europeo como se ha mencionado anteriormente, deriva en los rosetones de las iglesias y catedrales. Esa abertura dentro de la estructura arquitectónica románica y gótica,[19] que llena de luz y colorido el recinto sagrado,  a nuestros templos cristianos europeos. El simbolismo del rosetón en la iglesia o catedral cristiana tiene esa doble función, la apertura y la iluminación interior de recinto y en particular del altar, así como la del fiel capaz de comprender.

 

Algunos historiadores han relacionado el motivo de la rosácea con un Paraíso Astral, el “otro Mundo” al que las almas de los difuntos van a descansar e incluso con la filosofía pitagórica y sería así la rosácea un símbolo que incitaría a descubrir la “divina proporción” del “número áureo”.  También hay quien relaciona la rosácea con el trébol del patrón de Irlanda,  Cothraige “el servidor de los cuatro”, conocido en su forma latinizada como San Patricio. Y es que las hojas de un trébol partidas por la mitad nos darán la figura de la roseta de seis pétalos. Según cuenta la leyenda, cuando San Patricio evangelizaba Irlanda, para explicar el misterio de la Santísima Trinidad -dogma cristiano y revelación de la intimidad profunda de Dios-  utilizó un trébol como ejemplo práctico para la explicación de ese ternario[20] y de ahí que el trébol sea una de las enseñas representativas de la verde Éire. 

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Los trazos del crismón son prácticamente semejantes, por no decir idénticos a los de una runa: la runa Hagal.  Como es sabido, la runa Hagal  es la conjunción de dos runas: la runa de la vida (Man) y de la runa de la muerte (Yr). Es semejante a las ramas y raíces del árbol sagrado Irminsul, Yggdrasill.  Es la runa del invierno, donde la muerte-frío y el renacer-calor  se funden y hacen brotar al Hombre resucitado. También hay autores quienes  ven  en el crismón constantiniano la fusión de las runas Hagal y Thorn.

 

 

Arte y Arqueología de un símbolo europeo:

 

A lo largo del mundo antiguo céltico, romano y germánico es donde se expande este símbolo, por lo tanto su extensión se produce en buena parte de Europa (Irlanda, Francia, Suiza, Alemania, Italia…). Pero nos centraremos en unos ejemplos y referencias de la existencia de la rosácea a lo largo de los diversos momentos culturales dentro de nuestra península ibérica donde encontró mayor difusión, especialmente en el norte:.Galiza, Asturias, León, Zamora, Soria, Burgos, Cantabria,  Vasconia, Norte de Portugal y hasta el sur en Cádiz.

 

Lógicamente tenemos que empezar por la cultura céltica Castrexa, donde encontraremos nuestro símbolo-ornamento en la orfebrería, piezas de tipo militar,  en elementos arquitectónicos, en cilindros decorados, monumentos funerarios y en elementos de trabajo de la casa, principalmente.  

 

Cumple recordar que para los celtas, tanto como el bardo, el armero y el orfebre eran los  artesanos  de su gloria y garantes de su prestigio. En este caso, el orfebre trabajaba el metal noble para el hombre y la mujer de rango elevado, siendo de destacar los torques para los hombres y las diademas, arracadas y brazaletes para las mujeres. Pues bien, tanto en el caso de las diademas, tenemos un bello ejemplo  en la “Diadema áurea de Vegadeo”, cuya decoración es una muestra donde se prodigan los discos radiantes o rosáceas concatenadas y svásticas.  En el caso de los torques, igualmente los encontramos diseñados en sus puntas (ejemplos en el Museo Arqueolóxico de Lugo)

En la cerámica  tenemos muestras en  la citania de Briteiros y en la Cividade de Terroso (Museo do Porto) y en los cilindros que protegían las entradas a la casa, tenemos en la desembocadura del río Miño, en la citania de A Guarda (Sta. Tegra)  con abundantes muestras donde aparecen la rueda, la rosácea y diferentes tipos de espirales, trísqueles y svásticas. Otros ejemplos los tenemos en: Sanfins, Sta. Mariña de Augas Santas, San Cibrao de Lás, Outeiro de Baltar, Morgade, S. Adriâo, Troña, Oldrôes, Vilar, Rubiás, Paderne, Afife.

 

 

 

A partir de los siglos I al IV, con la romanización de la península, es especialmente empleada la rosácea en las estelas funerarias celto-romanas, aparte de su utilización en mosaicos, pinturas y  cerámica, donde tenemos muchísimos vestigios de su utilización. De nuevo su difusión se extiende desde Cantabria, Burgos, Zamora, Extremadura, Galiza, Norte Portugal, Burgos, León, Vasconia.  Ya en tiempos del asentamiento definitivo de los romanos en nuestra península, debemos destacar los temas representados en las estelas funerarias. Si bien una constante en estas estelas  es su relación con el sol y la luna, igualmente curiosos son los temas labrados, que tienen que ver bien con animales como el jabalí (p. e. Sansueña- Zamora), el ciervo y el caballo (animales venerados especialmente en el mundo céltico), bien con banquetes, escenas de vendimia, caza, bien con  instrumentos de canteros o carpinteros, o bien con embarcaciones, árboles y demás elementos vegetales. Buenas muestras y numerosas estelas las encontramos en Vigo, en el Museo de Castrelos, en los Museos Arq. de Coruña o  de Zamora, por citar tan solo unos ejemplos. Y es que para algunos historiadores, el mundo de las estelas galaico-romanas será el punto de partida y de conexión con la filosofía griega y especialmente la de Pitágoras. “Priscilianismo, culturas suévicas y visigodas, cruzadas y peregrinaciones a Compostela, templarios, rosacruz… irán dándole importancia y manteniendo el latir simbólico y ornamental de la rosácea”[21]   

    

No debemos olvidarnos dentro del  arte tardo-romano, de un monumento de especial interés como es el antiguo templo pagano y reconvertido en  la iglesia de Sta. Eulalia de Bóveda (Lugo), donde la rosácea   aparece vinculada al igual que en otras estelas funerarias (Areal en Vigo), a la luna en creciente, que para algunos antropólogos tendrá un  significado o un carácter “mágico profiláctico”.

 

La pregunta de qué  es lo que han significado para los antiguos celtas peninsulares y romanos los símbolos que representaban, ya se la planteaban los recuperadores de nuestros vestigios arqueológicos a principios del siglo XX: “¿el conjunto de estos símbolos representaba divinidades en las que se creía y a las que se adoraba, o eran solo figuras amuléticas o acaso adornos derivados de un culto ya muerto? ¿Los discos, las ruedas, los suásticas que se ven en el monumento funerario de Briteiros y en estelas de época romana, tenían algo que ver,… con la creencia en la vida astral de las almas de los muertos o recordaban la fuerza vivificante del sol que hace resucitar periódicamente la naturaleza? ¿Eran señales de una fe aún viva o bien, perdido en parte o en todo su sentido religioso, eran sencillos amuletos o solamente decoraciones banales como lo son actualmente las ruedas y las estrellas que se esculpen en las losas sepulcrales de los atrios campesinos? [22]   La teoría de un innegable culto solar se ve reforzada ya desde los tiempos de los  megalitos, donde la orientación del corredor de entrada del dolmen se orienta, diríamos ritualmente, hacia el naciente. Y es que hay una estrecha relación entre el Norte y el Este por un lado como por otro entre el Sur y el Oeste. Parafraseando a Christophe Levalois, diremos que la luz del Este se desarrolla y  surge de las potencialidades de las tinieblas del Norte.  Y  en lo que atañe a la simbología utilizada por la Cultura de los Castros, es mas que  evidente su  relación con las culturas del bronce nórdico e introducida aquí con las formas hallstáticas.[23]   

 

Entre los suevos y visigodos, este símbolo perdura y continúa representándose dentro de sus iglesias y varias son las muestras, siendo de destacar las maravillas  de la “herética” Quintanilla de las Viñas (Burgos), Sta. María de Lebeña (Cantabria), San Miguel de Lillo (Asturies) o San Miguel de Celanova (Ourense). En el Museo Arq. de Sevilla también tenemos muestras visigóticas de la rosácea en un telante de altar de los siglos VI-VII. Del periodo suevo-visigodo y prerrománico perdura nuestra rosácea hasta el románico, siendo su empleo y difusión igualmente difundida especialmente en la arquitectura de las iglesias, en sus pórticos y frisos generalmente, pero también apareciendo sobre un animal en la cruz de la portada del templo. También tenemos ejemplos del uso   en frisos de la rosácea en la ornamentación románica como por ejemplo en dos joyas arquitectónicas del románico rural galaico como son Vilar de Donas (Lugo) y Sta. María de Cambre (Coruña), así como en grandes monasterios como en Sobrado dos Monxes (Coruña). 

 

Y es hasta aquí, el empleo de la rosácea en el arte sagrado, a partir de este período la rosácea se ve relegada al arte popular rural, donde pervive como símbolo protector y profiláctico (al igual que la svástica, por ejemplo), de la aldea y de la comunidad, de la casa y la familia, de los enseres de trabajo, de los animales… Es el declive de la comprensión del símbolo en su interpretación culta y pasa  a ser interpretado dentro de un paganismo de “tercera función”: pasa a ser rural y popular, pervive en la intimidad de la familia y en el pueblo, donde los ecos lejanos de la Tradición y  el legado simbólico de los antepasados, malvive y fenece.

 

Federico Traspedra

                            Samaim 2005



[1] “Los Estados Múltiples del Ser” R. Guénon.  Ed. Obelisco. Barcelona 1987. Pág. 9

[2] “Imágenes del espíritu: Shinto, Budismo, Yoga” Frithjof  Schuon. Ed Olañeta, Palma de Mallorca 2001. Pág. 11

[3] “Perspectivas Espirituales y Hechos Humanos” Frithjof Schuon. Ed. Olañeta Palma de Mallorca 2001. Pág. 85

[4] “Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada” René Guénon. Artículo “Los Símbolos de la Analogía”. Eudeba Buenos Aires 1988 Pág.277

[5] “La Tierra de Luz” C. Levalois. Ed Obelisco. Barcelona 1989. Pág. 83

[6] “Diccionario de Símbolos” Eduardo Cirlot. Madrid 1988  Pág.212

[7] Op.Cit. E. Cirlot,  Pág. 212

[8] “Símbolos fundamentales…”  Artículo “Las flores simbólicas”. Pág. 64

[9] “La Doctrina del Despertar” Julius Evola. Ed. Grijalbo México D.F. 1998. Pág. 29

[10] En sus obras  “Aufgang der Menschheit”/ “Um den Ursinn des Menschheit”  Hermann Wirth.

[11] Op. Cit. E.Cirlot Pág. 394

[12] “Símbolos fundamentales…” Op.cit. R.Guénon, artículo “La idea del Centro en las tradiciones antiguas” Pág. 56   y también  en   “La Gran Triada” Ed. Obelisco Barcelona 1986 Pág.182

[13] “La Gran Triada” Op. Cit.  Pág. 182

[14] “Símbolos fundamentales…” Op. Cit.  Pág. 60

[15] Op. Cit. F.Schuon, Pág. 77

[16] “Miradas a los mundos antiguos”. Frithjof Schuon. Ed. Taurus

[17] “Símbolos fundamentales…” Artículo “El cuatro de cifra” Pág. 356.

[18] “Consideraciones sobre el Crismón Románico” A. Almazán de Gracia. Revista de Soria. Nº24. Diputación de Soria 1999.

[19] “Símbolos fundamentales…” Pág. 64

[20] “A Rosácea: Arqueoloxía e simboloxía dunha figura geométrica” Felipe Senén. Brigantium nº2, A Coruña 1981.

[21] F.Senén, Op. Cit. Pág. 84

[22] “La Civilización Céltica de Galicia “ F. López-Cuevillas Ed. Istmo Madrid 1988, Pág.301

[23] “Formas tempranas Gallego-Portuguesas”  J.M. Vázquez V. Ed. Do Castro A Coruña 1974.

UN SÍMBOLO INDOEUROPEO: El Jabalí

Escrito por identidade 05-08-2010 en General. Comentarios (0)

En la noche céltica, el jabalí cazado con ahínco y reproducido en algunas piedras de las citânias, era animal sagrado para los galos, afecto a Diana Ardeumi, como el oso a la diosa Artio, el perro al dios del Mazo y el caballo de Epona. Su figura alzada en la cima de un bastón o una horquilla, fue para muchas tribus germanas y galas una bandera venerable.”   J.M.Castroviejo

 

 

Dentro de nuestro mundo indoeuropeo, como es sabido, los animales tienen una importancia y una trascendencia reveladora más que importante, ya que para nuestros antiguos la observación de la Naturaleza y de sus habitantes, eran constante y consciente fuente de inspiración y de sabiduría. Entre dichos animales de simbolismo positivo –y a veces dual- se encontraban, el caballo, el lobo, el ciervo, el oso y  también el jabalí.

 

Entendemos pues que el símbolo no es sino el empleo de imágenes que encierran y engloban ideas suprasensibles. El símbolo no tiene límites precisos y en este caso en particular podremos observar que en el caso de animal tan noble, acontece tal cual.

 

En este presente artículo nos aproximaremos al jabalí como símbolo identitario indoeuropeo de fuerza, valor, coraje y fecundidad, presente desde tiempos remotos tanto en Occidente -en nuestra península celtibérica, así como en el mundo céltico- como en Oriente – en el mundo indo-ario. Y comenzemos pues por estos últimos:

 

Dentro de la antigua Tradición Hindú, el símbolo del jabalí procede directamente de la Tradición Primordial, con sede en la Tierra de la Luz, Hiperbórea. Este origen netamente hiperbóreo, es igualmente compartido por los celtas, ya que como apunta René Guénon, “entre los celtas, el jabalí y la osa simbolizaban respectivamente a los representantes de la autoridad espiritual y a los del poder temporal, es decir a las dos castas, los druidas y los caballeros, equivalentes, por lo menos originariamente y en sus atribuciones esenciales, a lo que son en la India las de los brahmanes y los Kshatriya (guerreros)”[1]

 

El jabalí (varâha), es el animal representativo del tercer avatâra (encarnación) de Vishnú, símbolo que procede directamente de la Tradición primordial y que en el Veda- según R. Guénon – afirma expresamente su origen hiperbóreo, “además dentro de nuestro Kalpa íntegro, es decir, todo el ciclo de manifestación de nuestro mundo, se designa como el Çveta-varâha-kalpa, o sea el “ciclo del jabalí blanco”…por eso la”tierra sagrada” polar, sede del centro espiritual primordial de este Manvântara es denominada tambien Varâhi o “tierra del jabalí”.

 

Algunos autores interpretan  que según el texto sagrado del Ramayana, Brahma asumió la forma de un jabalí en su tercera encarnación, mientras que otros , según los cuentos tradicionales y remotos que conforman el  Vishnú Purana, fue el dios Vishnú que en la forma del dios Brahma se convirtió en jabalí. Ambos coinciden en que bajo la forma del jabalí, Dios- Brahma que creó todo lo existente, viendo que todo era agua al principio, se sumergió  en las profundidades de las aguas y con sus colmillos elevó la tierra a la superficie. El jabalí es un animal que entre sus diversos “placeres”, está el deleitarse con el agua, y según el Vishnú Purana, este deleite y purificación con el agua,  se dice que es tipo de ritual de los Vedas, representación alegórica de la liberación del mundo de la inundación del adharma (falta de ley, orden, justicia, espiritualidad).

               

Etimológicamente, en sánscrito el jabalí es como hemos dicho varâha y la raíz var-, según R.Guénon, tiene el sentido de “cubrir”, “ocultar”, “proteger”, mientras que las lenguas nórdicas su análogo sería bor- . Efectivamente, “Bórea”, Hiperbórea  probablemente sería la “tierra del jabalí”, tierra oculta y de los elegidos, aunque este aspecto “solar” y “polar” fue posteriormente transferido del jabalí al oso, posiblemente por la rebelión de los representantes del poder temporal frente a la supremacía de la autoridad espiritual.

 

Igualmente R.Guénon nos dice que entre los antiguos griegos, la rebelión de los khsátriyas se figuraba por la caza del jabalí de Calidón, que al igual que en la tradición hindú, es blanco. Prosigue el autor con otra interesante analogía, con el nombre de Calidón, ya que el antiguo nombre  de Escocia, Caledonia,  aparte de toda cuestión de “localización” particular, es propiamente el país de los “kaldes” o celtas; y el bosque de Calidón no difiere en realidad del de Brocelandia, cuyo nombre es también el mismo, aunque en forma algo modificada y precedido de la palabra bro- o bor-, es decir, el nombre del jabalí”[2]

 

Así pues, entre los antiguos indo-arios, como entre los antiguos celtas y también entre los griegos como hemos visto, el jabalí poseía un profundo simbolismo que venía de tiempos remotos, de la sede mítica y centro espiritual que era Hiperbórea, “ya que allí residía la autoridad espiritual primera, de la cual toda otra autoridad legítima del mismo orden no es sino una emanación, no menos natural resulta que los representantes de tal autoridad hayan recibido también el símbolo del jabalí como su signo distintivo y lo hayan mantenido en la sucesión del tiempo; por eso los druidas se designaban a sí mismos como “jabalíes”…una alusión al aislamiento en que los druidas se mantenían con respecto al mundo exterior, pues el jabalí se consideró siempre como el “solitario”; y ha de agregarse, por lo demás, que ese aislamiento mismo, realizado materialmente, entre los celtas como entre los hindúes, en forma de retiro en el bosque, no carece de relación con los caracteres de la “primordialidad”, un reflejo por lo menos de la cual ha debido mantenerse siempre en toda autoridad espiritual digna”[3]

 

En nuestra  península celtibérica- “Keltiké”-, uno de los principales legados escultóricos que poseemos de nuestros finales de la  Edad del Bronce, son los denominados “Verracos” o “Verrôes”, datados aproximadamente entre los siglos IV-III a.C. Tradicionalmente esta Cultura de los Verracos-Verrôes ocupó la zona comprendida por las tribus célticas de los Vettones, asentadas en la Beira Alta y Trâs-Os-Montes portugueses, Salamanca, Ávila y   limitando al este con los ríos Eresma y Alberche y al norte con la Cultura Castrexa galaico-astur. Esta plástica zoomorfa labrada en granito, con trazos muy toscos y en posición erguida (de reposo y de acometida), de sexo masculino (con tendencia a mostrar cierto genitalismo), posee  tipos básicos: Cerdos y toros en mayor abundancia, así como también jabalíes.

 

La finalidad de los Verrôes-Verracos siempre ha estado envuelta en la controversia: Para unos estudiosos ha sido la expresión del culto egipcio de Osiris y Apis en nuestra península mientras que para otros serían como mojones terminales del territorio de un pueblo[4]. Por ejemplo, para el  profesor portugués Santos Junior serían totems relacionados con la virilidad, el coraje y la fuerza. Lo cierto es que según su ubicación podrían tener un simbolismo determinado, así pues a la entrada del castro de Las Cogotas en Ávila estaban ubicados estos verracos, como símbolo totémico de fuerza y valor, mientras que por otro lado en Chamartín de la Sierra podrían determinar un encerradero de animales, como símbolo de protección y de fecundidad. En ambos casos - aunque diferenciados- la finalidad sin duda es mágico-protectora

 

Apuntaba el arqueólogo gallego Florentino López- Cuevillas en los albores del pasado siglo XX, que poco se podía decir de las ideas cosmogónicas de los habitantes de la vieja Gallaecia (Galiza, Asturies, Norte Portugal, León y Zamora), de los “galecos”, pero se aventuraba  con datos arqueológicos a dar una extensa relación de los cultos practicados por los habitantes de  la cultura Castrexa, entre los cuales citaba a “una divinidad en forma de cerdo o de jabalí” [5]

Por otro lado, dejando atrás la época prerromana,  parece ser que estos verracos tuvieron finalidad de carácter funerario según atestiguan las inscripciones latinas en algunos animales, utilizadas a modo de estelas funerarias (siglo II d.C)

 

En las Tradiciones Irlandesa y Galesa, el jabalí como animal simbólico igualmente aparece dentro de sus mitologías. Dentro del ciclo del Ulster, el héroe Diarmaid y  su enamorada Grainne, -prototipos de los medievales Tristán e Isolda – dicho héroe tenía como mayor prohibición el matar al jabalí ya que su hermano fue muerto accidentalmente y metamorfoseado en jabalí mágico. Igualmente dentro de la interesante historia del druida irlandés, Tuàn Mac Cairill, personaje que es testigo de las cinco grandes invasiones de Irlanda, que sobrevivió metamorfoseando su cuerpo en ciervo, jabalí, halcón, salmón, antes de retornar a ser hombre,  imagen del Hombre Primordial, capaz de restablecer aquella edad de oro del comienzo de la Humanidad, tiempos míticos en la que los animales y los hombres hablaban el mismo lenguaje y no se mataban entre ellos. De nuevo el mismo jabalí mágico reaparece dentro de los Mabinogion galeses, “no sólo en el relato de Kulhwch y Olwen en el que Arturo y sus compañeros acosan al jabalí Twrch Trwyth, sino también en algunas Tríadas de la Isla de Bretaña y en la Historia Britonnum de Nennius”[6]

 

Dentro del mundo céltico y sobre todo en la Galia, el jabalí ha sido un emblema guerrero indiscutiblemente ya que se han encontrado lábaros sagrados o  pértigas coronadas por la representación de dicho animal, además de su aparición en monedas. Citemos por ejemplo el jabalí como enseña militar del arco de Orange, o bien la estatua de una Diana gala  encontrada en las Ardenas montada sobre un jabalí. Ecuánimemente nos explica Jean Markale que “sobre una placa del Caldero de Gundestrup, que representa el rito de sofocación, todos los guerreros llevan un casco coronado por un jabalí. Todo estriba en saber si el jabalí representa la fuerza física y “solitaria” del guerrero, lo cual sería simbolismo, o si se trata del animal mítico considerado como el antepasado de la clase guerrera”[7] Este atributo “kshatriya” del jabalí también lo encontraremos entre los pueblos bálticos de los letones, lituanos y antiguos prusianos,  especialmente como animal relacionado con el dios Pekurnas, que sería el Thor nórdico, el Taranis galo. 

 

Y en  época clásica grecorromana, igualmente el jabalí aparecía en estas culturas como fiera noble,  valor salvaje al que vencer el héroe, tal como nos relata J.M.Castroviejo: “El  Señor jabalí tiene su puesto en la Historia y no pequeño… El feroz puerco, perseguido hasta la hondura de su cubil, era un adversario que los dioses mismos no desdeñaban el atacar. Artemisa, la virginal. Lo seguía con su aljaba, tenaz e incansable, hasta lo profundo de las selvas de la Argólida, en veloz carro, acompañada de ladradora jauría y entre un tropel de ninfas galopantes. Y ¿no fue por culpa de un jabalí, primero herido por la diestra Atalante, por lo que el heroico Meleagro, que le da al fin muerte, enloquece y pierde a su vez la vida? Homero en la Odisea (XIX) nos deja un memorable retrato del jabalí que hirió a Ulises. El jabalí era presa noble y los emperadores…de Roma, tras las influencias de la Galia, de España, de Grecia, del Oriente Helenístico y de África, se alababan de su caza. Adriano, Marco Aurelio –cuya fuerza ante el jabalí destaca Dion Casio- y Caracalla, entre otros, se vanagloriaban de afrontarlo. Marcial nos dejará inmortalizado en hermoso latín, el epitafio de la valiente perra Lydia sucumbiendo al colmillo de un jabalí:

Fulmineo, spumantis sum dente perempta

Quantus erat, Calydon, aut, Erymanthe, tuus » [8]

 

Pero volvamos de nuevo a la relación simbólica entre el jabalí y el oso de la que antes hemos hablado y veamos una más que interesante interpretación del tema que estamos tratando. Según René Guènon, el jabalí y la osa no aparecen siempre en estado de lucha y oposición sino que igualmente podrían representar de forma armoniosa la relación de las castas de los druidas- sacerdotes-brahmanes con la de los guerreros-caballeros -kshatriyas  y esto lo vería R.Guènon en la conocida  leyenda de Merlín con Arturo: “En efecto, Merlín, el druida, es también el jabalí del bosque de Broceliande (donde al cabo, por otra parte, no es muerto como el jabalí de Calidón, sino sumido en sueño por una potencia femenina) y el rey Arturo lleva un nombre derivado del oso, arth; más precisamente, este nombre Arthur es idéntico al de la estrella Arcturus, teniendo en cuenta la leve diferencia debida a sus derivaciones respectivas del celta y del griego. Dicha estrella se encuentra en la constelación del Boyero, y en estos nombres pueden verse reunidas las señales de dos períodos diferentes: el “guardián de la Osa” se ha convertido en el Boyero cuando la Osa misma, o el “Sapta-Rksha”, se convirtió en los “Septem   triones”, es decir, los “Siete bueyes” (de ahí el nombre de “septentrión” para designar el norte); …la autoridad espiritual, a la cual está reservada la parte superior de la doctrina, eran los verdaderos herederos de la tradición primordial, y el símbolo esencialmente “bóreo”, el del jabalí, les pertenecía propiamente. En cuanto a los caballeros, que tenían por símbolo el oso ( o la osa de Atalanta) puede superponerse que la parte de la tradición más especialmente destinada a ellos incluía sobre todo los elementos procedentes de la tradición atlante; y esta distinción podría incluso, quizá, ayudar a explicar ciertos puntos más o menos enigmáticos en la historia ulterior de las tradiciones occidentales”[9]

 

 

En la tierra mágica de la Españas, Galiza, de nuevo la memoria de la Tradición Primordial emerge, podríamos decir más  que curiosamente, puesto que la “combinación” del jabalí con el oso toma forma de heráldica y Tótem para la otrora gran casa feudal de los Andrade, señores del norte de la actual provincia de A Coruña y parte de la de Lugo.  “El jabalí, con el oso, fue tótem de la gran casa feudal de los Andrade, como puede verse en el magnífico enterramiento de la iglesia de San Francisco de Betanzos”[10]. Efectivamente, el sepulcro gótico de Fernán Pérez de Andrade “O Bóo” está soportado por un oso y un jabalí, si bien el jabalí es la figura  más ligada a la casa de los Andrade. Relacionado con el linaje de los Andrade, tenemos la leyenda novelesca de Roxín Roxal e a Ponte do Porco, que tan bellamente recogió Leandro Carré Alvarellos en sus “Leyendas Tradicionales Gallegas”. De nuevo la memoria céltica galaica se renueva con este  héroe solar que combate al fiero “porco bravo”, un temido jabalí que asola la comarca y siembra el pánico entre los labriegos. Roxín Roxal, doncel del señor de Pontedeume, don Nuno Freire de Andrade, era un joven ”esbelto de cuerpo, rubio y roxiño  como un sol, alegre y sonriente, valiente y sencillo”,  que estaba enamorado de la hija de don Nuno, la  joven Tareixa (Teresa), que “montaba a caballo igual que una amazona céltica y disparaba una flecha mejor que algunos arqueros de su padre”[11], pero que esta doncella fue obligada a casarse con otro señor feudal, don Henrique de Osorio, ya que el señor de Andrade descubrió el amor de Roxín Roxal por  su hija . Don Nuno y don Henrique organizaron una cacería para dar muerte al fiero jabalí y en la desembocadura del río Lambre  encontraron al animal en el puente. Don Henrique y la joven Tareixa fueron embestidos por el  enorme jabalí, don Henrique  le clavó su lanza pero saltó del puente y el animal atacó a la joven doncella, matándola. A los pocos días, en dicho puente apareció el jabalí con una daga clavada en el pescuezo, que don Nuno reconoció. Esa daga se la había regalado a su sirviente Roxín Roxal. He aquí la leyenda de Ponte do Porco, donde un héroe mata por amor y frente a la fiereza y el coraje del porco bravo se superpone la del héroe.

 

El Cristianismo medieval, desgraciadamente, fue severo con el fogoso animal de nuestros antepasados, según asevera el tradicionalista católico Louis Charbonneau-Lassay en su hermoso y extenso trabajo sobre simbolismo animal en la Antigüedad y Edad Media “El Bestiario de Cristo”, aunque durante los primeros cuatro siglos de Cristianismo fue representado en lámparas en las que parece representar la cólera divina, frente a la paloma y el cordero que representarían la dulzura de Cristo.

 

En un manuscrito francés  del siglo XIV, el jabalí junto con el gallo (animal que como sabemos anuncia la salida del Sol, por lo tanto animal solar y pagano) representa a la Ira, la Lujuria. Así pues la Ira será representada por una mujer que lleva un gallo sobre su mano y que cabalga sobre un jabalí. Nuestra Edad Media europea, conoció salvo raras excepciones, al jabalí de David “asolador de la viña del Señor”, como nos lo relatan los Salmos del Antiguo Testamento. “El jabalí, sin embargo, fue aceptado a veces como imagen del justo, independiente y valeroso frente a los adversarios del Bien y a los enemigos de su alma. En este sentido, San Paulino de Nola, en el siglo V, incluso lo relacionaba con el cordero cuando escribía a uno de sus corresponsales: “Qué satisfacción encontrarme completamente cambiado; ver que el león tiene ahora la dulzura de un joven ternero; que Jesucristo habita en el jabalí, que conserva toda la ferocidad para con el mundo, pero que se ha convertido en cordero para con Dios; ya no eres el jabalí del bosque, te has convertido en el jabalí de la siega”[12]

 

El polifacético y prolífico  intelectual galaico Vicente Risco,  nos cita siete animales cuya figura puede asumir el diablo,  y curiosamente hay dos animales (Jabalí y Cuervo, aves de Odin- Wotan) significativos para las antiguas creencias célticas y germánicas que son marcados con este estigma; “como Jabalí, atemoriza a las gentes del campo, como Cuervo muestra su triste negrura fatídica, que se alimenta de la muerte”[13] He aquí una muestra entre otras muchas mas, de cómo los símbolos paganos fueron tergiversados e invertidos por la nueva religión.    

 

Simbólicamente al jabalí se le opuso frente al Cordero de Cristo, así pues frente a las virtudes cristianas del cordero estaban los defectos y pecados paganos del Jabalí.  Pese al olvido parcial de animal tan noble como símbolo durante nuestra Edad Media, se  representó frecuentemente su caza, siendo esta considerada de gran riesgo, valor y coraje junto con inteligencia, virtudes propias que debían poseer los guerreros. Quizás dentro de los  animales salvajes cazados en nuestros montes europeos, la cacería del oso y del jabalí destacarían por ser de elevado peligro, frente a otras especies.

 

Como conclusión para este pequeño aporte al simbolismo del jabalí, apuntaremos esta duda con la que se preguntaba el católico L.Charbonneau –Lassay: “¿Cuál sería exactamente el pensamiento de Albert Durero cuando, cerca del pesebre en el cual puso María al Niño Dios, representó al jabalí y al león, en vez del buey y la mula tradicionales?”.   

 

FEDERICO TRASPEDRA 

Lughnasad 2004     

 

 

 

  

 

 

 

 



[1] “El Jabalí y la Osa” en “SIMBOLOS FUNDAMENTALES DE LA CIENCIA SAGRADA” René Guénon. Eudeba-Ediciones Colihue. Buenos Aires 1988. pág.141

[2] Op.cit. René Guénon, pág.145

[3] Op.cit. René Guénon, pág.142.

[4] Cuadernos del Arte Español nº22 “Arte Céltico y Celtibérico” Historia-Grupo16 Madrid1992

[5]La Civilización Céltica de Galicia”, de Florentino López-Cuevillas. Ed. Istmo, Madrid 1989, pág.280

[6] “Druidas” de Jean Markale, Ed Taurus Alfaguara, Madrid 1989. Pág.202

[7] Op. Cit. Jean Markale, pág.203

[8] “Viaje por los montes y chimeneas de Galicia” J.M. Castroviejo y Álvaro Cunqueiro.Espasa Calpe. Col. Austral. Madrid 1986. Pág.128

[9] Op. Cit. René Guènon, pág 146-147.

[10] J.M.Castroviejo, op.cit. pág 130

[11] “Leyendas Tradicionales Gallegas” de Leandro Carré Alvarellos. Espasa-Calpe, Col.Austral. Madrid 2002 Págs.253-256

[12] “El Bestiario de Cristo” de L.Charbonneau-Lassay, Ed. Olañeta, Palma de Mallorca, 1997. Pág. 174, 175,640.

[13] Satanás, historia del diablo. V.Risco. EdGalaxia, pág.409.

EXCALIBUR, máis que um filme

Escrito por identidade 05-08-2010 en General. Comentarios (0)

“EXCALIBUR, MÁIS QUE UM FILME”

por Francesc Sánchez-Bas

 

FICHA TÉCNICA:

Diretor e produtor: John Boorman

Actores: Nigel Terry, Helen Mirren, Nicholas Clay, Cherie Lunghi, Paul Geoffrey, Nicol Williamson.

Orion Pictures 1981

 

“Entramos nas fauces do Dragom...” Achamo-nos, sem dúvida, ante um mito que foi plasmado plasticamente para chegar a um público desejante de novidades e originalidades. E ainda assim, queira-se ou nom, constata-se um facto muito importante: Este filme inspira e desperta os mais nobres anelos de muitos jovens.

Como algo que acorda desde os tempos mais remotos e imemoriais, apresenta-se como um impacto no nosso interior dormido, na Lembrança Espiritoal do nosso Sangue.

As personagens desta maravilha d arte cinematográfica, encarnam de jeito imelhorável o papel que lhes foi assinado. Muitos somos os que ficamos impregnados dessa figura cheia de Sabedoria e simpatia que é Merlím, dessa Nobreza, símbolo da Amizade, que é Lanzarote, desse constante afám por manter a Paz e a Justiça, que é Artur, ou dessa Juventude inocente com ânsia de aventura e autosuperaçom que é Perceval. Cada personagem conquista-nos profundamente harmonizando o seu aspecto exterior com o espírito que irradia desde o seu corassem em cada gesto, em cada olhada, em cada palavra.

 

Curiosamente, todos som actores quase desconhecidos, como se vinhessem expressamente do mundo da lenda, do além dos tempos, para despertar umha Lembrança que permanece dormida durante séculos.

 

Qual foi a intençom do diretor? É muito difícil sabê-lo. É possível que seja totalmente inconsciente da sua obra. É possível que no seu afám de conquerir umha novidade radical, tenha obtido esse resultado. Nom podemos negar que no filme nom exista umha rigorosidade em quanto ao seguimento da lenda, o qual nom é nem mais nem menos que o que fazem todos os diretores quando querem fazer algo demasiado grande. Que existe umha concessom á morbosidade do grande público? É possível, porém esse “enorme gasto” de sangue do que tanto se lhe acusa, ou o famoso lance do corvo comendo um olho, nom fazem mais que dar um acento mais cru que nos achega minimamente ás dramáticas circunstâncias que as personagens estam a viver. A partir destes toques de crueza e exageraçom, o espectador fai-se partícipe desse mundo em luita. Induvidavelmente, nom tem nada que ver com os clássicos filmes de índios nos que o espectador passa o tempo ou pouco mais, e onde o imperante é a carência de toda Transcendência. 

 

O “leit-motiv” deste filme reside no valor do Sangue e todo o que isto significa: Nobreza, Honor, Amizade, Amor... e também a aceitaçom das debilidades, como a traiçom que a pessar de tudo som superadas e redimidas a través da Fidelidade e da Nobreza, ou seja, também póla força superadora que habita no Sangue.

 

O “valor do Sangue” apresenta-se nesta obra como por cima de toda crença ou religiom. Por umha parte aparece a religiom, sem credos, sem dogmas, que só é acessível a través da comunhom com a Natureza e sobre tudo, com o gram Céu que cada herói leva nas suas veias e que deve conquistar. Esta sabedoria é representada por Merlim, que instrue ao homem para que, afinal, quando o momento chegar, fique só e saiba ser um verdadeiro Rei.

 

“Umha Terra, um Rei...” Este é o Segredo do Graal. O esquecimento destas palavras provocou a decadência, a pobreza da terra, as enfermidades e a fame das gentes. Que grande similitude com a atualidade! A Magia reside, precisamente, no recordo de umhas palavras, nem mais nem menos, por que “a perdiçom do homem é o Esquecimento...” A terra, o povo, o Rei, devem ser umha mesma cousa. Mais umha vez, a uniom do Homem com a Natureza, a uniom do Sangue e do Solo: “Unha Terra, um Rei...”.

Por outra banda, umha magia negativa, a do ódio, a do rancor e da vingança, a que hoje impera no mundo; a magia que foi roubada por aqueles que nom a merecerom, o Mundo de Morgana e de Siom.

 

Merlím é a estrela do filme. As suas frases vivem de seu: “quando um homem minte, mata umha parte da Humanidade...”; “Lembra: sempre hai alguém mais listo do que tu....”; “O mal e o Bem; dificilmente existe o um sem o outro...”; e sobre tudo “Chegou a hora dos homens e dos seus costumes...”

 

O homem, hoje, nestas moles de cimento, vive de costumes novos ou velhos, pouco importa, mas o definitivo é que ninguém sabe ver o que hai para além do seu nariz. O mais “nobre” dos homens é um ser retorcido, rancoroso, intolerante, que se crê possuidor da única verdade. É um fruto deste mundo computerizado de costumes. Os mais “bons” contentam-se com ter um bom pensamento cada dia, para cotizar nessa seguridade social do “Além” que chamam céu.

 

Na procura do Graal morrem todos os guerreiros, só sobrevive um e ele vence por todos. E como vence Perceval?. No filme reflicte-se bastante bem: Vinte anos de luita, vagabundeando, buscando, para dar-se conta de que nada exterior tinha importância, no fundo todo é um sonho pólo que nom nos devemos deixar arrastar. Afinal, despoja-se de todo atributo, de toda vestimenta e mais umha vez, praticamente nu e com o único que lhe quedava, a Esperança, a Fé, responde ante o gram Secreto para descobrir o que foi na origem: “Umha terra, um Rei...”. Nada era mais importante do que estas palavras. Ele, sozinho, nu, com o seu corpo, com a sua Esperança, com a sua Fé, e com o seu Rei, tudo era umha mesma Unidade, e nengumha outra cousa tinha importância. É a Suprema Singeleza, revelada em palavras tam grandes como Fidelidade, Honor, Amizade... e revelada também num caminho cruel marcado póla luita e o Desapego.

Surpreende que, o que isto escreve, poda ver, num filme como este, todo o contrario do que algumha outra pessoa pudesse interpretar. E nom deixa de ser surpreendente que, até alguns realizaram umha autêntica perseguiçom intelectual totalmente obsessiva contra este filme. Cumpre saber que quem possua a Verdade nom deveria ter medo a perdê-la.

 

Qualquer aspecto do filme poderia ter umha interpretaçom na Luita Eterna da nossa Raça, girando tudo em torno á tam mítica Sabedoria Perdida, representada polo mundo de Merlím, como parte humanizada do Gram Dragom, símbolo de tal Sabedoria. Muito significativo é o facto de que, depois de ter desaparecido materialmente e trás o triunfo na Procura do Graal, o Mago volta, e, por que volta? Primeiro, foi derrotado polo Inimigo, que lhe rouba a magia, falseando a Sabedoria, e depois, quando os guerreiros remontam a involuçom, reconquistando o Segredo Perdido, renasce dentro deles: Merlím passa a formar parte sua, vive o que ele chama “O Mundo dos Sonhos”, “Sonho para uns, pesadelo para outros”. Sendo esta a gram conseqüência do triunfo: o Conhecimento volta ao homem, o homem converte-se por sua vez em Mago, ou seja, é Sacerdote-Guerreiro, no sentido mais elevado da palavra. Merlím e Artur som um mesmo e, a partir desta Reconquista, o Inimigo acha o seu fim, a Obscuridade começa a disipar-se. E veja-se o gram paralelismo mais umha vez com a nossa luita: o derradeiro encontro de Morgana com Merlim. O Inimigo, na sua obsesom e no seu ódio, converteu-no num sonho, trágico para Ele, ainda que esperançador para o Novo Mundo que nascerá regenerado. Merlím foi derrotado e agora nom tem nada que perder e, por isso, aparece-se-lhe a Morgana de forma invulnerável, porquê os Cavaleiros do Graal fixerom-no Eterno. O Derradeiro Batalhom, que tanto tempo estivo aguardando, derrota por fim ao Inimigo. Deste jeito fecha-se um ciclo na Humanidade: a Espada volve ao lago, e Artur viaja á Ilha da Imortalidade, acompanhado da wagneriana “Marcha Fúnebre de Sigfrido”, que pouco tem de morto e muito de Eternidade. Estas forom as suas derradeiras palavras: “Um dia chegará um Rei e a Espada ressurgirá das Águas".

Eternamente repite-se o Mito, eternamente volta o Rei Artur e o Mago Merlim, porque vivem no interior dessas Águas que som o nosso Sangue, que é o Mundo da nossa Raça.

 

Vaia este artigo para aqueles que mirarom neste filme algo verdadeiramente superior, sem rancor cara os que tenham rancor, sem ódio cara os que tenham ódio, porque apreendemos algo mais: Artur, Merlim, Lanzarote, Perceval, somos nós próprios, a maior verdade que possuímos é o valor do Sangue que corre pólas nossas veias, o nosso escudo é a nossa Fé, e tudo isto é o que além de todos os tempos, forja a nossa espada: EXCALIBUR!